sábado, 30 de junio de 2018

Corrección al artículo “El error en los columnarios potosinos de 1768 “


En el artículo publicado recientemente en UNAN Numismática, Año IV, nº24, Mayo-Junio 2018, afirmaba que no conocía ningún ejemplar de estos pesos columnarios que habían sido batidos en 1768 con la errónea leyenda VRTA QUE UNUM. Agradezco a don Sebastián Aguilera, de Montevideo, socio de IUN, que me haya hecho llegar un enlace de la prestigiosa casa de subastas Áureo & Calicó, que en su subasta 290 de 16 de marzo de 2017 sacó a puja un ejemplar de esta bella moneda con un precio de salida de 2.000 euros, en su lote número 261. En la descripción del mismo consta que según Krause se conocen cuatro ejemplares de esta pieza.

En el documento analizado se ordenaba expresamente la recogida de esta moneda defectuosa, de la que se estimaba que se habían acuñado entre diez y quince mil pesos, por lo que es posible que los ejemplares ahora conservados procedan de los expedientes seguidos para la detección de dicho error. Curiosamente, el ejemplar conservado tiene leves rayitas, por lo que es posible que incluso llegase a circular.

Nuevamente agradezco a don Sebastián su información y ayuda. La numismática, como todas las demás Ciencias Sociales, son un saber acumulativo en el que todos nos beneficiamos de los conocimientos de los demás. Y así debe ser. 

martes, 19 de junio de 2018

El error en los columnarios potosinos de 1768

Publicado en UNAN Numismática, Año IV, nº24, Mayo-Junio 2018
http://www.mascoleccionismo.com/publicaciones/UNAN/UNAN024.pdf

En el Archivo General de Indias se conserva una carta fechada el 15 de agosto de 1769, escrita por el virrey del Perú, don Manuel de Amat, a Julián de Arriaga, Secretario del Consejo de Indias. En la misma se recoge la detección de un error en los pesos fuertes acuñados en la Casa de Moneda de Potosí, donde se había batido con la leyenda VRTA en vez de VTRA, y que se había ordenado la recogida de todas las monedas defectuosas y formar causa a los oficiales responsables de dicho descuido. 

Tras la incorporación de la Casa de Moneda de Potosí a la Corona, la acuñación de moneda macuquina durante el largo proceso de construcción de la nueva Casa de Moneda no se interrumpió, utilizando las anticuadas técnicas que venían usándose desde la fundación de la ceca. Había en la ceca antigua cuatro hornazas: la llamada La Pila, propiedad de Diego Moreno de Villegas, que fue legada el 19 de enero de 1759 al Hospital de Belén por la última heredera doña Josefa Villegas Moreno; la de los Barea, más tarde propiedad de don Manuel Tovar y Mur; la de los Laredo; y la de los Quintanilla. 


La nueva hornaza de los Laredo, instalada en la nueva Casa de Moneda, batió moneda macuquina hasta el 29 de enero de 1767. Unos meses después, el 15 de mayo de 1767, se acuñó el primer lote de moneda esférica columnaria, del que se sacaron unas muestras para remitirlas a la Corte. La producción de moneda macuquina no cesó inmediatamente, dado que había que preparar al personal en las nuevas técnicas, y era necesario mantener la producción para entregar la moneda al público. La producción de moneda de mundos y mares se fue incrementando, pero ambos tipos de acuñación coexistieron durante tres años. Según la Memoria del virrey, entre los años 1746 y 1750 se labraron en la Casa de Moneda de Potosí 1.503.840 marcos de plata, o 300.768 marcos anuales.

En Potosí se usaron volantes de medio cuerpo y de cuerpo entero. Los primeros eran prensas pequeñas con un eje vertical enroscado al extremo que sujetaba el cuño del anverso de las monedas, y bajo el eje se situaba la maceta, donde se ponía el troquel del reverso de la pieza y soportaba el golpe en la acuñación. La fuerza necesaria se obtenía con un brazo acabado en dos pesadas bolas de plomo a modo de balancín, que se giraba con violencia. Era común que se rompiesen los troqueles, al no ser la base la continuación de la parte superior. 

Tres de estos volantes llegaron de Lima en 1766. Unos años después se les sumaron dos volantes de cuerpo entero, en los que la base era la continuación de la parte superior y estaban fijados a una piedra con garfios de bronce, lo que les daba mayor estabilidad. Junto a los volantes era necesaria la máquina acordonadora o cerrilla para el laurel o cordoncillo de los cantos de las piezas. 

La primera moneda potosina con cordoncillo se acuñó en 1767, pero debió de recogerse inmediatamente, debido a un error de diseño. Los ejemplares de finales de este año fueron correctamente batidos, pero son hoy en día muy escasos. La producción de moneda columnaria prosiguió hasta el 21 de noviembre de 1770, en todos los valores del sistema argénteo, desde el medio real a los ocho reales, y su producción se fue incrementando en detrimento de la de moneda macuquina de año en año. 

En 1769 se descubrió una errata en la leyenda de algunos reales de a ocho de 1768, con la errónea inscripción URTA QUE UNUM. Pedro de Tagle y Bracho, Oidor de la Plata y encargado de la organización del Banco de Potosí informó al virrey, que ordenó la total e inmediata recogida de toda esta moneda, amenazando con el decomiso de las piezas que no fueran entregadas en el plazo de quince días.
La transcripción del documento estudiado es la siguiente:

         Nº 206

Exmo señor

Entre las noticias que me comunicó el oydor dn Pedro de Tagle Comisionado en la villa de Potosí para el arreglo del Banco de Mineros y Azogueros, en la no menor interesante respectiba a la reforma de que también necesita aquella Casa de Moneda, cerca de la cual se le han echo tambien por m correspondientes encargos por la trabazon y dependencia que tiene el vno con el otro asunto: Y por comprobante del descuido con que trabajaban los oficiales de dicha Casa me incluyó el peso fuerte que acompaño con el capital defecto que aparece del emblema que circula las dos esferas y colunas, en que por una inversion de letras se estampó la diccion VTRA: Y yo comprendiendo la gravedad del asunto por todos sus respectos, le di orden para q.e incontinente procediese con exactitud y vigilancia a recoger todas las monedas que huviese producido aquella rendicion, y que se conceptuasen sugetar al propio yerro: Y que igualmente formase causa a los autores del echo, en quienes mimediatamente consistió tan culpable descuido, inclusos todos aquellos que devieron repararlo en la sala de libranzas, conforme a sus respectibas obligaciones, y que aseguradas sus personas me remitiese los autos en estado a vuelta de correo, que quedo esperando para informar con ellos a V.d. de sus resultas, y providencias que tomase.

Tras las pesquisas, se descubrió que el tallador mayor José Fernández de Córdova se hallaba enfermo, y había muerto el 30 de julio de 1768, y que el responsable de tal error había sido el hijo del guardacuños Álvarez, que había sustituido a su padre, también enfermo, y que no cayó en dicha errata. Se estimó que la moneda batida con leyenda errónea suponía de diez a quince mil pesos. No conozco ningún ejemplar que haya llegado a nuestros días. 

Santiago de Arze reemplazó a Saint Just, y el 17 de marzo de 1770 ordenó que se terminase con la labra de macuquinas. Poco tiempo después se cerró la Casa Vieja y solamente se operó en la nueva ceca, hasta que el 15 de septiembre Pedro de Tagle y Bracho, Oidor de Audiencia de Charcas, viajó a Potosí por encargo del virrey Amat y Junyent, decidió suspender la producción de moneda esférica el 21 de noviembre y volver a labrar moneda macuquina. Arze afirmó posteriormente que Tagle había ordenado la clausura de la nueva Casa de Moneda cuando la misma estaba operando porque quería llevarse el mérito de haberla concluido. Otros adujeron motivos económicos, dado que el menor control en la moneda macuquina le habría beneficiado. Tras un juicio que duró una década, se pudo probar la culpabilidad del oidor.

Tagle alegó que las piezas redondas que se habían ordenado fabricar en exclusividad desde el 29 de mayo fueron muy defectuosas, por lo que debió seguirse con la acuñación de macuquina. Asimismo, las partidas de plata agria hacían que las macuquinas saliesen rajadas y con los motivos mal grabados, y en las batidas a volante se producían continuos rompimientos de cuños. Tagle acusaba al fiel de la ceca, Luis Cabello, de ser el culpable de la detención de la acuñación de moneda circular. 

En cuanto al Banco de Mineros y Azogueros citado en el documento, en el año 1752 se fundó por Real Cédula el Banco de Azogueros o de Rescates, con las funciones primordiales de comprar y rescatar la plata de los azogueros, trapicheros y mineros. Prácticamente no tenía funciones de crédito, y solo auxilió a los trabajadores en caso de necesidad, y estaba destinado a defender sus intereses de los excesivamente altos beneficios que obtenían los mercaderes de la plata en la venta de sus pastas. En 1779 fue incorporado por la Corona, con el nombre de Real Banco de San Carlos de Potosí, con las mismas atribuciones que su antecesor.  

Tras la incorporación del banco a la Corona por Jorge Escobedo en agosto de 1779, sus ganancias se incrementaron cada año en 30.000 pesos, y llegaban en alguno, como en 1780, a 46.588 pesos 6 reales. Con ello se proveía al gremio de moneda efectiva, azogue y bastimentos. Asimismo, se recaudaron deudas atrasadas por importe de 400.000 pesos, se remitió al virrey Cevallos en Buenos Aires la misma cantidad para la expedición contra los portugueses en la Colonia de Sacramento y se hicieron otros muchos e importantes desembolsos. El cálculo de los rescates de 1754 a 1790 asciende según Fuentes a 5.652.499 marcos 7 onzas.

En cuanto a las obras de la nueva Casa de Moneda, se dilataron en el tiempo desde su proyecto en 1752 hasta la conclusión de los aposentos de sus oficiales en 1773. El edificio, de dos pisos y dispuesto en torno a tres patios, es una de las mayores superficies construidas en la América Hispana. Cada patio tiene una distribución diferente: el primero tiene arquerías rebajadas, el segundo de madera y el tercero de muros lisos. Es un edificio sobrio y utilitario, construido en piedra y ladrillo, en el que los muros no tienen apenas aberturas al exterior en los dos primeros pisos. Su diseño es en general excelente, y aúna su carácter utilitario con el interés artístico, que se inscribe en sus líneas generales en el estilo barroco local, si bien su portada es de tipo clasicista. Este magno edificio fue asimismo construido en armonía con el paraje natural y con el entorno arquitectónico en los que fue levantado.

Documento:

Archivo General de Indias, LIMA, 651,N.76, Carta nº 206 de Manuel de Amat, Virrey de Perú, a Julián de Arriaga, Secretario de Indias, Folios 921-922.

Bibliografía:

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CERDAN DE LANDA SIMON PONTERO, A., Memorias de los vireyes que han gobernado el Perú durante el tiempo del coloniaje español, T. IV, Lima, 1859.
CESPEDES DEL CASTILLO, G., "Las cecas indianas en 1536-1825" en  Anes y Álvarez de Castrillón, G., y Céspedes del Castillo, G., Las Casas de Moneda en los Reinos de Indias, Vol. I., Madrid, 1996.
CRAIG, A.K., Spanish colonial silver coins in the Florida Collection, Gainesville , Florida, 2000.
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DARGENT CHAMOT, E., Las Casas de Moneda españolas en América del Sur, Lima/Madrid, 2006.
FUENTES, M.A., Biblioteca Peruana de Historia, Ciencias y Literatura, Tomo III, Antiguo Mercurio Peruano III, Lima, 1861.
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martes, 12 de junio de 2018

El Thaler alemán, origen del real de a ocho español

Publicado en Oroinformación, 12 de junio de 2018

https://www.oroinformacion.com/es/OroInformacion/70/1681/El-Thaler-alemán-origen-del-real-de-a-ocho-español-y-precursor-del-dólar.htm


La aparición del thaler supuso el tránsito de la moneda medieval a la moneda moderna en Europa.  En la segunda mitad del siglo XV se descubrieron en Erzebirge y en los Alpes, especialmente en Schwaz, en el Tirol, y en Scheeberg, en Sajonia, ricos yacimientos de plata. La abundancia del metal argénteo, que según Carlo Maria Cipolla inundó diversas cecas de la época, fue el origen de una importante reforma monetaria que cambió la faz de la amonedación europea, española y mundial.

  Desde la época de Carlomagno y durante todo el Medievo las monedas habían sido pequeños discos de oro, plata y vellón con una delgadez que permitía doblarlas fácilmente con los dedos de una mano, y con influencia del arte gótico en sus tipos. Los primeros atisbos del Renacimiento llegaron, según Antonio Beltrán, con la magnificación del retrato y la ampliación de los módulos, que permitió un mejor tratamiento de los tipos. 

  El primer lugar donde se acuñó una moneda de un grosor considerable, seis o siete veces mayor que el de las emisiones medievales, fue en la Florencia de 1472. Esta moneda, conocida como lira Tron, era una pieza que incluso en sus aspectos externos se distinguía de las anteriores, al portar el retrato del dux veneciano, el dogo Nicolo Tron, de perfecto estilo renacentista. Su peso era de 6,5 gramos, con una ley de 948 milésimas, un fino de 6,16 gramos y un valor nominal de 20 sueldos.   Dos años más adelante, en 1474, y siguiendo el ejemplo de Venecia, Milán acuñó una moneda de plata pura de un espesor considerable, incluso más pesada que la veneciana, con una hermosa representación del duque Galeazzo Maria Sforza en su reverso. Con un valor nominal de 29 sueldos, tenía un peso de 9,8 gramos y un fino de 9,44, y una ley de 963 milésimas.

  La razón para que ambas ciudades italianas fueran pioneras en la emisión de estas monedas de un grosor hasta entonces desconocido fue según Cipolla que ambas mantenían importantes relaciones financieras y comerciales con Alemania, con una balanza comercial desfavorable para esta última, por lo que la plata de las minas arriba mencionadas afluía a estas ciudades estado en pago de dicho déficit comercial.   Ambas emisiones recibieron el nombre de testones, al llevar como motivo una efigie de medio busto o cabeza del príncipe, y fueron acogidas con gran entusiasmo por el mercado, y fueron muy imitadas tanto por los otros estados italianos como en otros países. Como pone de manifiesto Beltrán, frente al retrato medieval se inició el uso de una galería de retratos que enlazaron con la tradición romana.

  En los Países Bajos se comenzaron a acuñar en 1487 monedas con un peso de 7,2 gramos y una ley de 935 milésimas, en Inglaterra en 1509 con un peso de 9,33 gramos y ley de 925 milésimas, y en Francia en 1513 con 9,6 gramos de peso y ley de 938 milésimas, que fueron los primeros testones franceses, con un valor nominal de 10 sueldos torneses y que incorporaron a Francia al sistema renacentista italiano.

  El archiduque Segismundo de Austria tuvo, influido por el éxito de estas monedas, la idea, considerada por muchos extravagante en su época, de acuñar una moneda de plata que equivaliese a la moneda de oro que en aquel momento dominaba el mercado germánico, conocida como Rheinischer Gulden. En 1477 se batieron dos macromonedas de un peso muy superior a cualquier otra que se hubiese acuñado en Europa: el Guldiner de 31,93 gramos, con un fino de 29,92 gramos, y su fracción el Halbguldiner, con un peso de 15,96 gramos y un fino en gramos de 15,96. Este Guldiner o Unzialis es en el origen del Thaler.  Al parecer, según Cipolla, ambas monedas no tuvieron mucho éxito y se utilizaron sobre todo como medallas, a pesar de que fueron imitadas en los cantones suizos, como por ejemplo en Berna en 1493, y en Sajonia en 1500.

  En Bohemia, durante los últimos años del siglo XV, los condes de Schilick, propietarios de las minas de Sankt Joachimstal, mandaron labrar una macromoneda de 27 gramos de peso y ley de unas 900 milésimas, que contenía algo más de 24 gramos de plata pura. Cuando la ceca recayó en manos de Fernando de Austria en 1528, el peso de esta moneda se redujo a 26,39 gramos. La misma recibió el nombre de Joachimstaler, por el lugar en que se acuñaba, el Valle de San Joaquín, para más tarde llegar a conocerse simplemente como Taler, Thaler, Tahler o su castellanización, tálero, haciendo referencia al lugar de donde procedía el metal argénteo en la que estaba acuñada.

  Los primeros thaler o táleros acuñados por los condes de Schilck tuvieron, como en el caso de los guldiner del archiduque Segismundo, poca acogida como moneda corriente y más como medallas, si bien unos años después, a partir de comienzos del siglo XVI, tuvieron un increíble éxito en el ámbito monetario germánico e incluso internacional, como muestra el hecho de que diese nombre al daalder holandés, al dalar noruego, al daler danés o sueco o al dólar estadounidense.   Los soberanos de la Casa de Austria en España y Alemania, Hungría, Silesia, así como los ducados de Sajonia y Brunswick mantuvieron su autoridad sobre una moneda de plata relativamente unificada, que a finales del siglo XVI era de 2/3 de thaler= 1 gulden= 2 marcos=32 chelines. 

  El emperador Maximiliano puso especial cuidado en la acuñación de estos Guldiner o Thaler, dotándolos de motivos históricos y propagandísticos, así como los Schautalher o thaler medalla, con magníficos cuños de Ulrich Usentaler y excelentes retratos de tipo renacentista.  En la historia de la moneda en la Edad Moderna en el Sacro Imperio Romano Germánico el papel del Thaler fue fundamental. Durante los primeros años del reinado de Carlos V hubo una pugna entre los defensores de la moneda de oro del tipo florín con los propietarios de las minas de plata, que acabaron imponiéndose. En 1524 una Ordenanza estableció en la base del sistema monetario el marco de Colonia, de 233,85 gramos, una moneda de oro, el florín de 22 quilates, y el Guldiner de plata de 21 grosos, de 29,23 gramos y 973 milésimas con sus divisores en plata, y como motivo en el anverso el águila bicéfala imperial.

  Esta medida fue combatida y no acatada en algunas partes del Imperio, como en Sajonia y, paradójicamente, en Austria, donde diversas ciudades pactaron una alianza monetaria basada en un Guldiner de 60 Kreuzer. Todo ello ocasionó que en 1551, por la Ordenanza de Augsburgo, el Emperador fijase como unidad un Guldiner más pesado pero de inferior ley, lo que produjo descontento. Su hermano Fernando I fijó la emisión de un gundertaler de 24,62 gramos, y su sucesor Maximiliano II el thaler imperial de 68 kreuzer mediante un edicto de 1566.

  Fernando I, hermano de Carlos V, unificó toda la moneda de sus dominios patrimoniales sobre el thaler, tanto en Austria como en Hungría, Silesia y Bohemia. Los retratos de los sucesivos emperadores figuraron en esta moneda, como en la de oro, con gran prestancia, destacando los cuños realizados por Antonio Abondio. Gracias a su gran módulo, el thaler permitió utilizar la moneda para la propaganda de las distintas autoridades emisoras, con una notable calidad artística y en muchas ocasiones con valor de piezas conmemorativas. En este sentido, Beltrán cita como excepcionales los löser de Brunswick, los dobles thaler de Münster, el Gulden groschen de Sajonia y los Portugaleser.

  En la Italia del quinientos se acuñaron talleri en la Saboya de Carlos Manuel I. Venecia no acuñó moneda de estas características hasta 1562, cuando se labraron ducados de plata de 32,89 gramos y 948 milésimas, con un valor de 125 sueldos. Tras la anexión de Milán por Carlos V se batieron en esta plaza los bellísimos ducatones de 33,7 gramos, con cuños de Leone Leoni, que fueron imitados en toda la península. Entre ellos, por el tema que nos ocupa, destaca especialmente el que porta en su anverso un retrato del Emperador con la leyenda CRIST.RELIG.PROPUGNATOR y las columnas de Hércules con la leyenda PLVS VLTRA. 

  El thaler llegó también a los Países Bajos en el reinado de Carlos V, con el karolus o florin de plata, de 22,85 gramos y 833 milésimas. En 1557 Felipe II ordenó la acuñación de un thaler o daldre de 34,29 gramos con retrato de Gianpaulo Poggini, y en 1567 apareció un tipo que tuvo una larga vigencia, el daldre de Borgoña con la cruz de Borgoña, y el conocido como de los Estados, acuñado a nombre del monarca. Posteriormente, el daldre siguió siendo la unidad monetaria de las Provincias Unidas, y si bien el daldre de los leones de 38 stuiver de 1575 tenía únicamente 750 milésimas gozó de gran fortuna.

  El sistema llegó igualmente, aunque tardíamente, a los países escandinavos. La introducción del daler fue tardía en Dinamarca, debido a la escasez de plata para acuñar moneda de gran módulo, con el speciaedaler o corona de oro o lata de Federico II, con 29,5 gramos y 881 milésimas y el retrato del rey. En 1625 el consejo real fijó el valor de las monedas con el daler en 6 marcos o 96 skillinge. En Suecia Juan III batió dobles daler.

  En Polonia se intentó organizar el sistema por Esteban Barthory de Transilvania por una ordenanza de 1578 en un thaler de 35 groschen, 28,24 gramos de peso y un fino de 875 milésimas, si bien esta reforma fracasó. Los thalers y groschen de plata se acuñaron asimismo en la Transilvania independiente y en Moldavia. Asimismo, en la Rusia de los primeros Romanof la circulación de moneda extranjera de buena calidad hizo que la misma circulase como metal, con una tasación basada en los jefimko o thalers de 64 kopecks.

  La situación monetaria en España a la muerte de Enrique IV el 11 de diciembre de 1474 era caótica, por lo que los Reyes católicos promulgaron sucesivas reformas monetarias desde el 20 de febrero de 1475 que culminaron en la Pragmática de Medina del Campo de 13 de junio de 1497.

    Con esta reforma se fijó el valor de toda la moneda en circulación, con su ley, peso valor y cantidades a acuñar, así como la equivalencia entre cada una de ellas. Según Cipolla, en el momento de promulgación de la misma aún no habían llegado al sistema monetario castellano las tendencias antes citadas de la labra de pesadas monedas de plata.

  La moneda de plata siguió siendo el real, una moneda nacida en tiempos de Pedro I que era un finísimo disco de plata cuyo peso en el momento de esta Pragmática quedó fijado en unos 3,4 gramos. Esta norma previó la acuñación de divisores del real en medios, cuartos y octavos, pero en la misma no se encuentra ninguna referencia a sus posibles múltiplos. Se conservó la ley precedente de 11 dineros y 4 granos y un peso de 3,53 gramos, con talla de 67 piezas por marco. Su equivalencia quedó fijada en 34 maravedíes, un valor que permaneció inalterable tres siglos y medio. En cuanto a sus tipos, se conservaron hasta el año 1566, batiéndose con los mismos los primeros reales de a ocho de las cecas castellanas. 

  El éxito del sistema monetario de los Reyes Católicos hizo que se mantuviese vigente durante el reinado de los monarcas de la Casa de Austria, y, con pocas modificaciones, también en épocas posteriores. La moneda fuerte de esta reforma, la áurea, se vio posteriormente sustituida por la acuñada en plata, el real de a ocho, en cantidad suficiente para hacer frente a los gastos militares de la Corona, así como para equilibrar la balanza comercial con otros países europeos.

Bibliografía:
BELTRÁN MARTÍNEZ, A.,  Introducción a la Numismática universal, Madrid, 1987.
CIPOLLA, C.M., La Odisea de la plata española. Conquistadores, piratas y mercaderes, Barcelona, 1996.
LÓPEZ GONZÁLEZ, C., “Desde las reformas monetarias de los Reyes Católicos hasta fines del siglo XVII”, en HERNÁNDEZ ANDREU, J., Historia Monetaria y financiera de España, Madrid,  1996.
MARTÍN ACOSTA, Mª E., El dinero americano y la política del Imperio, Colección Realidades Americanas, Mapfre, Madrid, 1992.
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