lunes, 3 de agosto de 2015

El estudio de la moneda en la segunda mitad del siglo XVIII (II)

Publicado en Panorama Numismático, 29 de julio de 2015



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En el último cuarto del siglo XVIII destaca la obra de algunos de los principales autores de nuestro Siglo de las Luces, como Gaspar Melchor de Jovellanos, Francisco Cabarrús, Valentín de Foronda, Vicente Alcalá Galiano, Benito Bails, José Antonio Ortiz o Ramón Campos.

En la teoría económica, como en otras muchas ramas del saber, despuntó Gaspar Melchor de Jovellanos, que consideraba la economía política la principal ciencia del gobierno. Si bien no escribió ninguna obra económica de carácter general, sus ideas económicas son rastreables en muchos de sus escritos, siendo asimismo un reconocido protector de los estudios numismáticos. Como recoge Isabel Rodríguez, sus donaciones de monedas al Gabinete Numario se repitieron a lo largo de sus años como académico, y abarcaron piezas de todas las épocas, aunque según su amigo González de Posada no poseía monetario propio.
Francisco Cabarrús, el promotor del Banco Nacional de San Carlos y de la emisión de los Vales Reales, fue un prolífico escritor. Entre sus obras destacan, entre otras, la Memoria para la formación de un Banco Nacional de 1783, la Memoria al Rey Carlos III para la extinción de la Deuda Nacional del mismo año, y el Elogio de Carlos III, Rey de España y de las Indias de 1789.  Francisco Cabarrús defendió el individualismo y la libertad en los negocios para alcanzar la riqueza y la felicidad. Como recoge Tedde, Cabarrús se preocupó de introducirse en el círculo de los ilustrados, ingresando en 1776 en la Sociedad Económica Matritense, y fue asiduo de la tertulia que se reunía en la casa del fiscal del Consejo de Castilla, Pedro Rodríguez de Campomanes. Cultivó la amistad del conde de Floridablanca y de Jovellanos, y Tedde afirma que, en 1780, su amistad con los ilustrados le resultó muy útil para hacer valer sus proyectos. Cabarrús fue según este autor el introductor de tres grandes novedades en la economía financiera española, que fueron el papel moneda, la apertura de un Banco Nacional y el desarrollo del mercado de valores mobiliarios.
Otro importante economista fue Valentín Tadeo Echavarri de Foronda, amigo de Cabarrús, un miembro destacado de la Sociedad Bascongada de Amigos del País, prolífico escritor y diplomático en los recientemente creados Estados Unidos de América. Para este autor, las medidas monetarias llevadas a cabo con cálculos erróneos y dictadas por ministros ignorantes, aumentando el valor de las monedas sin aumentar su peso y calidad, produjeron graves daños a las economías de las naciones en las que se aplicaron. Si en un principio se consiguieron beneficios con estas prácticas de un 50%, el mismo porcentaje se perdía al recibir el Estado los tributos de su pueblo.
En una sociedad como la europea del setecientos el valor numerario de las monedas metálicas era el de su valor intrínseco, y según Foronda no se podía dar un valor mayor a un peso o a un doblón cambiando únicamente la denominación numeraria de estas especies. Ponía como ejemplo de los cambios operados en el continente cómo un pedazo de papel se había convertido en cobre, plata y oro, y la controversia que las emisiones del Banco de Inglaterra, Holanda, la Caja de Descuentos de París y el de Laux habían suscitado entre los políticos sobre su conveniencia.
Vicente Alcalá Galiano es posiblemente uno de los mejores autores económicos de la Ilustración española. Destaca especialmente su obra Sobre la necesidad y la justicia de los tributos, publicada en las Actas y Memorias de la Sociedad Segoviana de Amigos del País entre 1781 y 1788. Conocedor de Adam Smith, introdujo importantes conceptos teóricos, como la definición de riqueza basada en el trabajo, la acumulación del capital en el desarrollo económico, la división del trabajo o el concepto del interés propio.
Alcalá Galiano recoge en esta obra cómo en tiempos anteriores se creía que la riqueza consistía en el oro y la plata, por lo que todas las naciones de Europa prohibieron su extracción, lo que alimentó un activo contrabando. Debido a ello,

Reconocidas estas verdades de casi todas las Naciones, se levantó en muchas de ellas la prohibición de extraer el oro y la plata, à no ser en moneda; y se dedicaron todas á atraerse á su favor la balanza de comercio, procurando y discurriendo con la mayor sagacidad quantos arbitrios fueron imaginables, para que el valor de las mercancías introducidas fuese menor que el de las extraidas.

En 1790 publicó su Arismética para negociantes el catalán Benito Bails, posiblemente el mejor matemático español de finales de la centuria. Benito Bails pasó su infancia y juventud en Francia, fue amigo de D’Alembert y Condorcet y el redactor de los artículos relativos a España del Journal Historique et Politique. De vuelta en Madrid frecuentó a importantes figuras como Campomanes, el Conde de Aranda, Roda o Ricardo Wall, fue socio de las Reales Academias de la Historia y de la Lengua y de la de Ciencias Naturales y Artes de Barcelona, y Catedrático de matemáticas de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Ejemplo de hombre ilustrado, hablaba a la perfección francés, italiano, alemán, inglés y latín, compuso un tratado sobre arquitectura civil y su obra destaca en muchos ramos del conocimiento. Sufrió prisión en 1791 y destierro de la Corte por posesión de libros prohibidos y por sostener propuestas ateas y materialistas en sus clases.
Para este autor la moneda era la medida comparativa del valor de todas las cosas que el hombre gasta para sus necesidades o su regalo. No eran a su parecer el oro y la plata las que señalaban el valor absoluto de las cosas de indispensable necesidad, sino que eran éstas las que le daban estimación a los metales preciosos. Tras definir las propiedades de los distintos metales y la forma de alearlos y separarlos, dedica su estudio a la moneda, afirmando que de todos ellos sólo el oro y la plata son los únicos á propósito para labrar moneda, al ser metales perfectos, dúctiles y maleables, adecuados para admitir cualquier estampa y forma y raros y de gran valor. Los metales que él denomina imperfetos, como era el caso del cobre, sólo servían para “…labrar monedas comunes, de corto precio, y para representar los frutos menores no mas en las ventas por menor”, y para la liga de las monedas de oro y plata.
Al ser la moneda la medida cuyo destino era arreglar y asegurar la propiedad de los ciudadanos, acreedores y deudores, había de ser invariable, como los pesos y medidas, conviniendo que “…las monedas y la calidad de los metales de que se labran estén señaladas y fixas sobre un pie al qual ya no sea lícito tocar ni hacer mudanza alguna". Dado que los metales puros no abundan en la naturaleza, y que en todas las naciones se había introducido el uso de acuñar moneda con liga, era necesario que hubiese principios para averiguar el grado de pureza o impureza de los metales.
Entre las diferentes especies de moneda, este autor distingue entre la efectiva o real, la imaginaria, de cuenta o de cambio, la moneda de banco y la moneda corriente o fori banco. La moneda real o efectiva era la que corría en realidad, siendo piezas verdaderas del peso y ley que mandaba el soberano. La moneda de cuenta, imaginaria o ideal era la utilizada en el comercio para ajustar cambios. En cuanto a la moneda de banco, se diferenciaba de la moneda corriente o foribanco en el agio, aunque fuesen piezas de un mismo nombre, valor y peso.
José Antonio Ortiz fue autor del Ensayo sobre la Moneda-Papel de 1796 y de una traducción de la obra La Riqueza de las Naciones dos años antes, siendo su traducción la mejor que se dispuso en nuestra lengua durante el siglo XIX, y a decir de Reyes Calderón, el mejor acercamiento posible a la obra hasta muy avanzado el siglo XX. Esta autora ha analizado la aportación propia de este economista ilustrado, que juzgaba según parámetros sociales, políticos y personales un camino no estrictamente técnico hacia el comercio, dejando en la traducción realizada constancia de su personal evaluación.
En su obra Ensayo sobre la Moneda-Papel de 1796 José Alonso Ortiz recogía la idea de que era más conveniente recurrir a las emisiones de papel moneda en situaciones públicas de emergencia que incrementar la presión fiscal con unos impuestos de difícil recaudación, pero para su aceptación por el público era necesario que el gobierno fuese posteriormente amortizándolo mediante un leve aumento de la presión tributaria.
También destacó el valenciano Ramón Campos, que en 1797 publicó La economía reducida a principios exactos, claros y sencillos, obra que divulgó los principios básicos de la obra de Smith y que redactó en Londres entre 1793 y 1796, donde estaba comisionado por el Consejo de Castilla para estudiar los progresos de la agricultura inglesa. Para Campos el consumo de los metales preciosos crecía con los progresos de la sociedad, por lo que en los países más desarrollados era donde tenían más despacho y precio los metales. Al ser la abundancia de las minas algo casual, era claro que el precio del oro y de la plata, regulándose como todos los otros precios por el principio de la proporción entre el surtido y el consumo, había padecido muchas variaciones, de modo que una misma cantidad de estos metales en tiempos distintos habían tenido distinto valor, debiéndose por ello hacer diferencia entre el precio nominal, la cantidad de metal que se daba por las cosas, y su pecio real.

Para saber más

ALCALÁ GALIANO, V.,  Sobre la necesidad y la justicia de los tributos, fondos de donde deben sacarse, y medios de recaudarlos, Memoria presentada a la Sociedad Económica de Segovia y publicada en el Tomo IV de sus actas, Madrid, s.n., 1788.
ALONSO ORTÍZ, J., Ensayo Económico sobre el sistema de la moneda-papel: y sobre el crédito público, Madrid, Imprenta Real, 1796.
ARANDA PÉREZ, F.J., Letrados, Juristas y Burócratas en la España Moderna, Cuenca, Universidad de Castilla La Mancha, 2005, pág. 506.
ARDIT LUCAS, M., El Siglo de las Luces – Economía, Colección Historia de España 3er milenio, Madrid, Síntesis, 2007.
BAILS, B., Arismética para negociantes, Madrid, Viuda de Ibarra, 1790.
CALDERÓN CUADRADO, R., “Difusión de la doctrina de la Riqueza de las Naciones en España. Nuevos apuntes acerca de la traducción de 1794 y de su traductor, Josef Antonio Ortiz. La hipótesis del Funcionario Ilustrado”, Revista Empresa y Humanismo, Vol. III, nº 1/01, págs. 75-100.
CAMPOS, R., La economía reducida a principios exactos, claros y sencillos, Madrid, Imprenta de Benito Cano, 1797.
FORONDA, V. de, Cartas sobre los asuntos más exquisitos de la Economía-Política, y sobre las leyes criminales, T. II, Madrid, Imprenta de Manuel González, 1794.
MUÑOZ, A., (Enrique RAMOS), Discurso sobre economía política, Madrid, Joachin de Ibarra, 1769.
RODRÍGUEZ CASANOVA, I., “El Tesoro de Manzaneda (Oviedo): Los Ilustrados asturianos y la Numismática”, Documenta & Instrumenta, 7 (2009), págs. 149-160.
SAGRA, R. de la,  Apuntes para una biblioteca de escritores económicos españoles, 2ª edición, Madrid, 1848.
SÁNCHEZ DE ARZA, V., "Jovellanos y la numismática", NVMISMA, nº 235, julio-diciembre 1994, págs. 121-137.
SEMPERE Y GUARINOS, J., Ensayo de una biblioteca española de los mejores escritores del reynado de Carlos III, T. V, Madrid, Imprenta Real, 1789.
SMITH, A., Investigacion de la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones, T. II, trad.de Josef Alonso Ortiz, Valladolid, Viuda é Hijos de Santander, 1794.
TEDDE DE LORCA, P., “Los negocios de Cabarrús con la Real Hacienda (1780-1783)”,  Revista de Historia Económica – Journal of Iberian and Latin American Economic History, año 5º, nº 3, 1987, págs. 527-551 
N. WHITE, E.N., “Fueron inflacionarias las finanzas estatales en el siglo XVIII? Una nueva interpretación de los vales reales”,  Revista de Historia Económica, Año V, Otoño 1987, nº 3, págs. 509-526.



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