miércoles, 27 de abril de 2016

La colección numismática del Museo del Hermitage

Publicado en Numismático Digital, 27 de abril de 2016

http://www.numismaticodigital.com/noticia/9451/Reportaje/colecci%C3%B3n-numism%C3%A1tica-museo-hermitage.html



El Museo del Hermitage es el depositario de las mejores y las más antiguas colecciones numismáticas de Rusia, y es la mayor colección del museo, con alrededor de un tercio del total de los fondos, y  una de las más importantes del mundo, con aproximadamente un millón y medio de piezas, incluyendo monedas, medallas, billetes, condecoraciones y sellos. La historia de su monetario refleja asimismo la del coleccionismo numismático en Rusia y en otros países europeos en los últimos tres siglos.

Si bien la colección como tal se estableció bajo el reinado de Catalina la Grande, gran parte de sus fondos provenían de las adquisiciones de Pedro el Grande. Pedro tenía la intención de crear un ambiente cultural en Rusia que fuese comparable al de otras naciones europeas, y por un Orden suya de enero de 1722 se  proveyó la confiscación  de todas las monedas de sus reinos y su incorporación a la colección de Palacio. El Gabinete de Monedas del Hermitage se fundó simultáneamente con la galería de pintura y la colección de antigüedades, y la zarina adquirió para el mismo colecciones enteras en Rusia y en el extranjero. La colección numismática de la Corte tuvo asimismo el derecho de prelación para la adquisición tanto de las monedas y medallas de los coleccionistas particulares como de los hallazgos ocasionales y de las excavaciones arqueológicas de sus reinos.

La primera gran adquisición fue el monetario de M. Bremez en 1775, a las que siguieron la herencia del medallista L. Natter en 1771, la adquisición de monedas y gemas en Livorno y la de los Gabinetes de historia Natural de P. Pallas y I. Brein. Entre las monedas procedentes de las excavaciones destacaron las romanas adquiridas en las de Herculano, los ducados y táleros europeos procedentes de Kievo-Pecherskaya Lavra, un conjunto de bracteates de los siglos XII y XIII procedentes de Khotin y 13.500 denarios de los siglos X y XI encontrados en el río Pasha, de muy diversa procedencia 8ingleses, alemanes, italianos, húngaros, checos, daneses, suecos y noruegos). Desde 1804 se llevó una Lista de Adquisiciones, un valiosísimo documento para los estudios del periodo inicial de la colección.

En 1787 el arquitecto Yuri Velten diseñó el Gran Hermitage junto al Pequeño Hermitage, lo que hizo posible la reunión de los dispersos fondos numismáticos de la Corona en la primera planta de este nuevo edificio, cerca de la Librería Imperial. La restauración del Palacio de Invierno aprobada por Nicolás I y llevada a cabo tras el incendio de 1837 ayudó a la conversión del Hermitage en un museo público. Desde 1851 el Gabinete de Monedas estuvo bajo la autoridad del Jefe del 1º Departamento del Hermitage Imperial, y tenía sólo tres comisarios, el de antigüedades y moneda romana, el de monedas orientales y el departamento de la época Moderna. Bajo una nueva reorganización del museo llevada a cabo en 1864, se creó un nuevo departamento independiente de monedas y medallas.

A mediados del siglo XIX la colección incluía 56.321 monedas y medallas. Algunas de las principales colecciones numismáticas en manos privadas de Rusia se añadieron a este Gabinete Numismático, como las 5.200 monedas griegas y romanas de la colección Shodoir compradas en 1838. En 1851 se compró una magnífica colección de 4.712 ejemplares al artista y medallista Jacob Reichel, y el resto de la misma, 41.875 monedas medievales y europeas occidentales, se compraron a sus herederos en 1856. Nicolás I ordenó la obligatoria remisión de muestras de todas las acuñaciones llevadas a cabo por todas las Casas de Moneda de Rusia, una normativa que fue posteriormente confirmada por un decreto de Lenin en 1917.

La Comisión Arqueológica Imperial, fundada en 1859, proveyó al Gabinete de Monedas de piezas encontradas en las excavaciones. P. Shouvaloff donó su colección de 1.219 monedas islámicas al Hermitage en 1864. El director de los Ferrocarriles de la India, A. Gran, vendió al museo 379 monedas en 1883, procedentes del tesoro de Oxus. El 1888 se adquirió la colección de I. Bartholomei, unas 2.000 monedas entre las que destacan las emisiones sasánidas. En París se adquirió la colección de moneda bizantina de Photiades Pachá en 1890, compuesta de 1.050 ejemplares. Otras colecciones, como las del General Komarov, la del Príncipe Lobanov-Rostvsky y la colección Kuntkammer fueron añadidas a sus fondos.

Tras la Revolución de Octubre algunas importantes colecciones privadas fueron requisadas, como la Stroganoff, 53.000 ejemplares, Jusoupoff y Shouvaloff. En 1939 los fondos de la colección ascendían a 577.800 objetos. En los años 30 del siglo XX muchas obras artísticas fueron vendidas por la URSS, y miles de las más preciosas monedas y medallas de oro y plata se repartieron entre la Sociedad Filatélica Soviética y la compañía Antiquarian. La colección se incrementó a partir de los años 30 con las monedas procedentes del Depósito del Estado en Moscú, 228.932 ejemplares, y las importantes colecciones de la Academia de Ciencias, del Instituto arqueológico, el Museo de Asia o del Museo Ruso, entre otras.

Durante la Segunda Guerra Mundial, en la que Leningrado sufrió un duro asedio que duró  desde el 8 de septiembre de 1941 al 27 de enero de 1944, la colección fue evacuada a Sverdlovsk, en los Urales. Tras el final del conflicto se volvieron a traer los fondos a San Petersburgo, y se creó una gran librería numismática y se volvieron a clasificar y ordenar cientos de miles de monedas. Entre los años 50 y 80 del siglo el museo remitió 29.000 monedas y medallas a diferentes museos en Rusia y en el extranjero para completar sus colecciones numismáticas.

Sus principales colecciones abarcan en la actualidad la moneda antigua, oriental, occidental y rusa. La colección de moneda griega consta de 63.360 ejemplares, incluyendo numerosas piezas maestras, como un decadracma de Siracusa firmado por Kimon y una de las más extensas muestras de tetradracmas de Filipo II y Alejandro Magno. La parte más importante de la colección abarca las monedas procedentes de la costa norte del Mar Negro.

El departamento de moneda oriental es posiblemente el más completo del mundo, e incluye más de 200.000 objetos numismáticos, destacando entre ellas las 35.000 mondas islámicas. Es muy importante asimismo su colección de moneda sasánida, en la que destaca un raro dracma de la reina Buran, y las moneda lingote chinas del siglo XIX. Destacan por su escasez numerosos ejemplos de monedas occidentales, como los diez ducados de Segismundo III de Polonia. Y, como no podía ser menos, la parte más brillante de la colección es la dedicada a moneda rusa.

Contacto: Vitaly Kalinin
Situación: Palacio de Invierno
Dirección: 34, Dvortsovaya Naberezhnaya, St Petersburg, Federación Rusa.
Teléfono: (812) 710 96 29


Para saber más:


Nataliya Smirnova “Histoire des collections numismatiques et des institutions vouées à la numismatique.  The State Hermitage Museum – Numismatic Department. St Petersburg », International Numismatic Council, nº 53, 2006, pp. 37-42.




The Hermitage Museum -The Numismatic Department

miércoles, 20 de abril de 2016

Per aes et libram

Publicado en Numismático Digital, 20 de abril de 2016.
http://www.numismaticodigital.com/noticia/9431/articulos-numismatica/per-aes-et-libram.html


En la Roma Antigua, el bronce en bruto, aes rude, se utilizó para las transacciones monetarias durante los primeros siglos de su historia. Para comprobar su peso y valor, se utilizaba la balanza en cada transacción, de donde procede el término aestimare, apreciar. Las compraventas se conocían por la locución per aes et libram, por el bronce y la balanza.

En sus inicios, la moneda romana era muy tosca, y consistía en trozos de una aleación de un 80% de cobre y un 20% de cinc conocida como oricalco. Estos aes rude, que en un principio no tenían diseño ninguno, comenzaron más adelante a llevar grabadas representaciones de animales, normalmente ganado, de cuyo nombre latino, pecus, derivó el término pecunia, que en un primer momento significaba riqueza, fortuna y también por extensión moneda. En un principio los lingotes tenían un peso de dieciséis onzas.

Posiblemente hacia el siglo V a.C. estas piezas estaban ya acuñadas con la representación de un buey o toro, los conocidos como aes signatum, y en ocasiones de otros animales domésticos como un cerdo o un carnero. En un sistema económico como el de la Antigua Roma, donde el ganado era la base de la riqueza, el término capitalis, capital, derivó de la palabra caput,  cabeza de ganado, y asimismo el término caudal, con el que hoy en día se denomina la hacienda o cualquier tipo de bienes y el dinero.

La moneda romana propiamente dicha fue el conocido como as libral, que data de la época en la que Roma había conquistado ya Antium y su territorio ocupaba unos 6.000 km2.  Era ya una moneda de forma circular, con el busto de Jano bifronte, el patrón de los principios y los finales,  en su anverso y la proa de una nave en su reverso, representando el futuro poderío naval de la República.

Hacia el 269 a.C. el valor de la moneda se indicaba con una barra en los aes, con una S en los semis y en sus fracciones, triens, quadrans y sextans, de acuerdo con su valor en uncias, la base del sistema monetario. En un comienzo los aes pesaban una libra, y estaban divididos en doce quinarios u onzas.

En los negocios relacionados con las res mancipi, que eran todas aquellas cuya propiedad se transmitía por el derecho civil de forma solemne mediante la mancipatio o la in iure cessio, las cosas mancipables eran aquellas que en la sociedad agrícola romana eran las de mayor valor, como las heredades, los fundos o tierras, las cosas situadas en Italia, los animales de carga y los esclavos. Todas las demás cosas se consideraban como res nec mancipi.

En los negocios de enajenación de estas res mancipi debía seguirse el formalismo solemne del gestum per aes et libram. Según el jurista Gayo, en presencia de cinco testigos, ciudadanos romanos y púberes, y de otra persona que sostenía la balanza y actuaba de fiel contraste, el libripens,  el comprador o mancipio accipiens sostenía un trozo de cobre, conocido como raudusculum, tenía que hacer la afirmación categórica de que la cosa vendida era de su propiedad de conformidad con el derecho de los Quirites, los ciudadanos de Roma, hacía la compra mediante el cobre y la balanza:

hunc ego hominem ex iure Quiritium meum esse aio isque mihi emptus esto hoc aere aeneaque libra.

El adquirente golpeaba con el trozo de cobre la balanza, lo entregaba en pago y, con su declaración unilateral se formalizaba el contrato. La cosa debía estar presente, y era asimismo necesario que el comprador la tomase en sus manos si era mueble. El trozo de cobre, el aes rude, servía de precio en la época en la que no existía la moneda acuñada, pecunia numerata.  A finales de la República se solía redactar un documento escrito, que se firmaba por ambas partes y por los testigos, como medio probatorio, si bien si se demostrase que se habían omitido palabras o parte de la ceremonia ritual el documento carecía de todo valor.

La amonedación romana comenzó oficialmente en el año 289 a.C., cuando se crea la magistratura de los triunviri monetales, estableciéndose la Casa de Moneda en el monte Capitoliino, en el templo de Juno Moneta. En el año 211 a.C., y debido principalmente al comienzo de la expansión romana por el Mediterráneo, se creó la moneda de plata romana, el denario, que fue el pilar de la economía romana hasta el siglo III de nuestra Era.

Bibliografía

DÍAZ FRANCISCO, F.E., Breve Historia de Roma, Vol. I., Dykinson, 1991.
FERNÁNDEZ URIEL, P., y MAÑAS ROMERO, I., La civilización romana, UNED, 2013.

martes, 19 de abril de 2016

Seminario:Cómo hacer una tesis doctoral

 


INTERVENDRÁN:

16h. -16.15h.- Apertura del Seminario a cargo del representante de la línea de investigación de Ccas. y Tcas. Historiográficas en la Comisión Académica del Doctorado en Historia y Arqueología, Dr. Don Juan Carlos Galende Díaz.
16.15H.- 17.15H.- Ponentes:
-Don José Miguel PUEBLA MORÓN (Doctor por la Universidad Complutense de Madrid, Epigrafía y Numismática): “Iconografía de la moneda griega de Sicilia (s. VI a.C – s.VIId.C.).
-Doña Bárbara SANTIAGO MEDINA (Doctora por la Universidad Complutense de Madrid, Paleografía y Diplomática): “La burocracia inquisitorial. Escritos y documentos”.
17.15h.-17.30h.- Coloquio.
17.30h. – 18.30h.- Intervención de los doctorandos del Programa:
- Carmen MERINO HERNÁNDEZ: “Archivos municipales de la sierra de Madrid. Fuentes documentales( ss. XVI-XVII)”

- Lara HERRERO PEDRERO: “Grandes olvidadas de la Historia de España: Grafología de las reinas consortes hasbúrgicas y borbónicas”.

- Pedro Damián CANO BORREGO: “Las reformas monetarias de los primeros monarcas de la Casa de Borbón en España e Indias”
- Noelle RODRÍGUEZ GARRIDO: “La difusión de la albeitería medieval hispánica a través del libro manuscrito: el Libro de Caballos, análisis codicológico y paleográfico”.

18.30h.-19h.- Sesión de debate y coloquio. Participan, en calidad de relatores críticos, los profesores:
Dr. Don Manuel  Joaquín SALAMANCA LÓPEZ.
Dra. Doña Fátima MARTÍN ESCUDERO.
(Actividad incluida en el programa de Doctorado en Historia y de Arqueología).

jueves, 14 de abril de 2016

El coleccionismo y los estudios numismáticos en el Siglo XVIII (II)

Publicado en Panorama Numismático, 14 de abril de 2016


http://www.panoramanumismatico.com/articulos/el_coleccionismo_y_los_estudios_numismaticos_en_el_sigl_id02385.html


En esta centuria se pusieron las bases de algunas de las principales colecciones numismáticas públicas que han llegado a nuestra época, como la de la Biblioteca Real y la de la Real Academia de la Historia. Fue asimismo durante el mismo una afición que se popularizó entre las personas eruditas, los miembros de la nobleza y de la familia real, la burguesía, los profesionales liberales, los clérigos y los militares. Como gran parte del Patrimonio Artístico e Histórico español, sufrió con las vicisitudes y los saqueos producidos durante la  Guerra de la Independencia, y con la muerte o el destierro de muchos de los Ilustrados tras su finalización.  La obra de los autores de esta época, especialmente la del Padre Flórez, sigue siendo aún hoy en día capital para el estudio de la moneda española de la Antigüedad.

        Fue habitual que las instituciones docentes, las Universidades o incluso las Sociedades, como las de Amigos del País, tuviesen su propio monetario. Un ejemplo de ello es el monetario del Colegio de San Ildefonso de la Universidad de Alcalá, que fue recibido de su antiguo colegial Juan Antonio de las Infantas, Deán de Toledo, que había sido conocido y utilizado por el padre Flórez en los dos primeros volúmenes de sus Medallas de las Colonias, cuyo inventario realizado en el año 1777 ha sido estudiado por Vallejo Girvés, del que la autora recoge que la mayoría de las mismas eran romanas, y había asimismo moneda celtíbera y visigoda, y que este monetario fue saqueado por los janseninstas y afrancesados en 1808. En esta centuria no había diferencia entre coleccionistas y estudiosos, y los tratadistas contaban con sus propios monetarios para sus estudios.
        Un importante gabinete numismático fue el de la Sociedad Bascongada de Amigos del País. Fundado en 1785, no formó parte de los estudios llevados a cabo en el Seminario de Vergara, sino que se ubicó en Vitoria bajo la dirección del subsecretario de la Sociedad, Diego Lorenzo de Prestamero, siendo su base las donaciones que se habían ido recibiendo desde su fundación, y que fueron más numerosas desde 1786. Como recoge Ortiz de Urbina, Diego Lorenzo de Prestamero fue el primer arqueólogo científico vasco, y llevó a cabo la excavación de la villa romana de Cabriana, en Álava. Su gran afición fue la numismática, lo que hizo que se hiciese cargo del monetario de la Sociedad desde su fundación hasta su renuncia voluntaria en 1798, y tras su muerte el 13 de febrero de 1817 su colección de monedas y libros fue adquirida por el Marqués de la Alameda en 24.000 reales de vellón. La colección fue adquirida el 8 de septiembre de 1959 a sus descendientes por la Diputación Foral de Álava, su actual propietaria.  
        Salas Álvarez ha estudiado la importancia que tuvo la numismática en las disertaciones de la Academia Sevillana de Buenas Letras, en la que muchos de sus miembros llegaron a reunir importantes colecciones numismáticas, citando los casos de Francisco de Bruna y Ahumada, Cándido María Trigueros y, especialmente, Livino Ignacio Leyrens y Peellart, y Tomás Andrés de Gusseme escribió un importante diccionario numismático. El coleccionismo y los estudios numismáticos en Málaga en este siglo y en el XIX han sido estudiados por  Mora Serrano, que cita los monetarios de Francisco Barbán de Castro, Tomás de Calvelo y Manuel Trabuco y Belluga, siendo los dos últimos citados en la obra del padre Flórez. 
        La Real Librería fundada por Felipe V en 1711, durante la Guerra de Sucesión, y abierta al público en Madrid el 1 de marzo de 1712 con fines divulgativos, integró los libros, monedas y antigüedades de las colecciones reales, que pasaron a constituir el Museo de Medallas y Antigüedades. El padre Flórez relaciona como instituciones públicas a las que tuvo acceso, además de a la anterior, el monetario del Real Monasterio de El Escorial, el Gabinete del Rey, el Real Gabinete de Historia Natural, la Real Academia de la Historia y una relación de casi cuarenta monetarios particulares. El importante monetario de El Escorial fue saqueado durante la Guerra de la Independencia, y el Real Gabinete de Historia Natural, del que se conoce poco, debía ser según Rodríguez Casanova el fundado por Antonio de Ulloa en 1752, y no a su sucesor inaugurado por Calos III con los fondos de Pedro Franco Dávila. Cita asimismo entre otros el Real Museo de Numismática fundado por Carlos IV en 1790 bajo la dirección de Cándido María de Trigueros, el monetario del Colegio de Nobles de Madrid y el de Valencia y los fondos de las Universidades de Santiago, Oviedo, Valencia y el Colegio de San Ildefonso de la Universidad de Alcalá.
        El Gabinete de Medallas de la Biblioteca Real incrementó sus fondos durante todo el siglo con donaciones y adquisiciones. Tras la Guerra de Sucesión sus fondos se incrementaron con las bibliotecas de los opositores austracistas, como los del Arzobispo de Valencia, el duque de Uceda o el duque de Monteleón. Al mismo se incorporaron los monetarios de los infantes don Gabriel y don Luis de Borbón, y se adquirieron importantes colecciones, como la del abad Charles de Orleans de Rothelin en 1749 o la del anticuario napolitano Alejo Symmacho Mazzochi en 1786. También recibió varias donaciones y unos años antes, entre 1754 y 1759 Pérez Bayer realizó viajes por cuenta de Fernando VI para adquirir antigüedades, monedas y manuscritos. Si en 1716 sus fondos se calculaban en 20.000 piezas, en 1800 ascendían a 77.655 monedas.
        Tras la fundación en 1735 de la Real Academia de la Historia se potenciaron los estudios numismáticos, con la creación de un monetario creado ex novo,  con la compra de un monetario de madera de nogal en 1751 y la petición a los académicos honorarios de monedas para completar la colección, especialmente durante el reinado de Fernando VI y por el proyecto llevado a cabo por Campomanes a finales del siglo. Uno de sus más ilustres Secretarios de esta institución fue Antonio de Capmany. Su papel en el desarrollo de la numismática española fue capital en esta centuria y en la siguiente. Muchos de los académicos y correspondientes, como antes comentábamos, contribuyeron a sus fondos mediante la permuta o donación de las piezas de sus propios monetarios, actuando de intermediarios en las compraventas de colecciones y proporcionando noticias sobre los hallazgos que se iban produciendo. La doctora Rodríguez Casanova ha estudiado la documentación que se conserva en el Gabinete Numario del descubrimiento y la composición del hallazgo que en 1782 se produjo en la localidad asturiana de Manzaneda, y el papel que en su recuperación tuvieron importantes ilustrados como Campomanes, Jovellanos y Jacinto Díaz de Miranda.
        Martín Almagro afirma que el Numario de la Real Academia tuvo su origen en la donación por parte de Fernando VI en 1751 de una apreciable colección de monedas. De acuerdo con los datos aportados por Capmany en 1796, constaba de 200 monedas de plata y 2.000 de cobre celtibéricas, 800 coloniales, 17 godas, y entre las árabes 55 de oro, 462 de plata y 846 de cobre. Junto con monedas de otras procedencias, entre las que destacaban las romanas y griegas por su número e importancia, sumaba unas 12.000 monedas, incluyendo las duplicadas.
        Para su formación se adquirieron las colecciones del Marqués de la Cañada, del Conde de Saceda y del Marqués de Belsunce, entre otras. La Academia tenía a gala que su colección era una de las más importantes y la mejor estudiada de España, y que sólo la aventajaba en número la de la Biblioteca Real, si bien sus principales ejemplares se perdieron durante la Guerra de la Independencia.
        Guillermo López Bustamante, bibliotecario real, publicó en 1799 su Examen de las medallas antiguas atribuídas a la ciudad de Munda, en la Bética. En la Advertencia Preliminar, pp. IX y ss., afirmaba que comenzó su trabajo en 1797, durante sus trabajos de reconocimiento de la Real Biblioteca y formación de su índice, en los que dedicaba sus ratos libres al estudio de la numismática, que era cultivada por él desde su niñez como recreo y que con el tiempo se convirtió en su principal destino. Cita la publicación del Tomo I de la Descripción General de las medallas antiguas del Museo Real realizada por Pedro Luis Blanco, que hizo que suspendiese temporalmente sus eruditos estudios de las series griegas para componer algunas Disertaciones relativas a las medallas de España, y pasando la ilustración de la Numismática nacional a ser la principal de sus ocupaciones, teniendo a su disposición los fondos de los copiosos gabinetes de la corte.
        Informaba asimismo en la pp. XII que la serie de medallas españolas de la Real Biblioteca, comenzada en el año 1787, “…aunque copiosísima y preciosa, no es tan completa que no sea á cada paso indispensable ayudarse de las luces, que otras puedan proporcionarle”. En su dedicatoria al monarca hace referencia a las adquisiciones para el Museo de la Real Biblioteca, citando el exquisito gabinete de don  Joaquín Ibáñez, y a las colecciones de los infantes don Gabriel y don Luis, “…en testimonio y confirmación del aprecio, que á la Real Familia de la augusta casa de V.M. ha merecido siempre la Numismatica, ciencia no menos útil que agradable”. Se quejaba en la p. XV amargamente de la poca ayuda que había tenido en el estudio de “…las multiplicadas colecciones de la peninsula; ó á lo menos las de la corte copiosisimas, según es fama, algunas de ellas é intactas”. Citaba asimismo las obras de numerosos autores nacionales y extranjeros, y defendió los trabajos del Padre Flórez  y de O’Crouley.
        Su intensa actividad investigadora fue conocida en los círculos científicos de la época. Fue uno de los primeros en intentar descifrar las inscripciones escritas en alfabeto ibérico de las acuñaciones ibéricas y celtibéricas, y es posible que la obra Descrizione delle Medaglie Ispane, appartenenti alla Lusitania, alla Betica, e alla Tarraconense, de Domenico Sestini, de gran importancia en la primera mitad de la centuria siguiente para el estudio de la moneda hispánica, fuese tomada en su mayor parte de los manuscritos inéditos de López Bustamante. 
        Es en este siglo cuando se publicó una de las obras capitales de la  numismática española, Medallas de las Colonias, Municipios y pueblos antiguos de España (1757-1773), del padre agustino Enrique Flórez. Para este fraile, en Europa se miraba la Ciencia Numismática como un almacén universal, “…donde cada Facultad halla armas con que defenderse, ò un fin al qual carecian de ilustración”. Desde el siglo XVI, según Flórez, los escritores hicieron uso de las medallas para formar historias, geografías, fastos, anales eclesiásticos y para corregir toda fuente de escritores antiguos.
        Flórez afirmaba en su obra que su colección era la más copiosa de las que conocía sobre colonias y municipios de España, y que le pareció que podía dar servicio al público dándolas a conocer, agregando las recogidas en otros autores, para que “…tuviesse nuestro Reyno lo que ninguno”. Afirmaba asimismo que en la calificación de lo raro o común en las monedas no había ninguna regla, al suceder que mientras en un reino podían ser raras en otros eran comunes, lo que podía suceder dentro de un mismo reino, entendiendo que era regular que abundase donde se hizo, especialmente si no prevalecía en el comercio.
      En la p. iii se quejaba de que siendo España el origen de esta ciencia, quedó atrasada con respecto a las demás naciones, citando los trabajos realizados en Italia, Francia, y casi toda Europa. Como curiosidad y en relación al tema de este estudio, cuando hablaba de los módulos de las medallas, equiparaba en la p. vii el máximo módulo o medallón a nuestro peso fuerte Mexicano, el gran bronce al peso fuerte, el mediano a la peseta, el pequeño al real de plata y el mínimo módulo al medio real. En las pp. viii y ss. incorporaba un valioso glosario, explicando las distintas partes de la moneda.
        Su método de trabajo hizo que Flórez fuese el primer historiador español que trascribió los documentos tal y como los encontró en el original, incluyendo los errores, limitando con ello toda manipulación y dejando los textos preparados para un posterior análisis formal del escrito. Ello le llevó, por ejemplo, a dejar en blanco el dibujo de una moneda, dado que  “…las muchas equivocaciones que suele haver en semejante materia no da bastante seguridad mientras no se vea la Medalla original, o se sepa fijamente quien la tiene”. Para él la numismática era un medio de conocimiento que le llevaba a un fin superior, el cimentar la Historia de la Iglesia antigua de España sobre fuentes sólidas y pruebas documentales.
        El autor citaba entre los gabinetes de los que se había servido para redactar su obra los reales de El Escorial y de la Real Biblioteca, el del Gabinete de Historia Natural, donde se habían recogido las medallas descubiertas “…en diversas provincias de estos Reynos”, y el de la Real Academia de la Historia. Junto con estas instituciones públicas, citaba asimismo las colecciones del residente en Sevilla Conde del Águila, la del doctor Joseph Alfinet, Académico de la Real Academia de la Historia y Médico del Real Sitio de Aranjuez, la del Padre extremeño Alonso Gerónimo Boza, y las de otros muchos más colaboradores, tanto laicos como religiosos.
 
         
Para saber más


ALMAGRO GORBEA, Martín. “El numario”. En ALMAGRO GORBEA, Martín (ed.), El Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de la Historia.  Real Academia de la Historia: 1999, pp. 85-95.
ALMAGRO GORBEA, Martín. Monedas y medallas españolas de la Real Academia de la Historia.  Real Academia de la Historia.  Real Academia de la Historia: 2007.
CAMPOS Y FERNÁNDEZ DE SEVILLA, Francisco Javier. “El P. Flórez y los estudios de la Historia Antigua de España en el reinado de Carlos III 1759-1788”. En Cuadernos de Investigación Histórica, nº 27, 2010, pp. 23-64.
CHINCHILLA GÓMEZ, Marina. “Las colecciones de Numismática en los museos estatales”, en XIII Congreso Internacional de Numismática. Madrid, 2003, actas-proceedings-actes. Coordinado por ALFARO ASINS, Carmen, MARCOS ALONSO, Carmen, y OTERO MORÁN, Paloma. Vol. 1. Madrid: 2005.
DÍAZ-ANDREU GARCÍA, Margarita, MORA, Gloria y CORTADELLA, Jordi. Diccionario histórico de la Arqueología en España: siglos XV-XX. Madrid: 2009.
FLOREZ, Henrique. Medallas de las Colonias, Municipios y pueblos antiguos de España. Madrid: 1762.
LÓPEZ BUSTAMANTE, Guillermo. Examen de las medallas antiguas atribuídas a la ciudad de Munda, en la Bética. Madrid: 1799.
MORA SERRANO, Bartolomé. "Hallazgos antiguos y colecciones numismáticas malagueñas de los siglos XVIII y XIX". En NVMISMA, nº 250. Enero-diciembre 2006, pp. 577-590.
ORTIZ DE URBINA MONTOYA, Carlos. “Un gabinete numismático de la Ilustración española: La Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País y Diego Lorenzo de Prestamero”. En Cuadernos Dieciochistas, 5. 2004, pp. 203-250.
RODRÍGUEZ CASANOVA, Isabel. “El tesoro de Manzaneda (Oviedo): Los ilustrados asturianos y la numismática”. En Documenta & Instrumenta, 7. 2009, pp. 149-160.
RODRÍGUEZ CASANOVA, Isabel. “La numismática en la España de la Ilustración”. En ALMAGRO GORBEA, Martín y MAIER ALLENDE, Jorge. De Pompeya al Nuevo Mundo: la Corona española y la Arqueología en el siglo XVIII. Real Academia de la Historia. Madrid: 2012.
SALAS ÁLVAREZ, Jesús. "El coleccionismo numismático en Andalucía durante la Ilustración". En NVMISMA, nº 252. Enero-diciembre 2008, pp. 149-176.
VALLEJO GIRVÉS, Margarita. “El inventario del año 1777 del monetario del Colegio de San Ildefonso de la Universidad de Alcalá (AHN. Libro 1080. Sección Universidades)”. En NVMISMA, nº 253. Enero-diciembre 2009, pp. 117-126.