miércoles, 2 de abril de 2014

Una reseña de Octavio Gil Farrés sobre el artículo “Datos sobre una moneda marroquí acuñada en España”

Publicado en Numismático Digital, 2 de abril de 2014

http://www.numismaticodigital.com/noticia/7192/Articulos-Numismatica/Una-resena-de-Octavio-Gil-Farres-sobre-el-articulo-Datos-sobre-una-moneda-marroqui-acunada-en-Espana.html

Preparando un artículo sobre la moneda áurea marroquí conocida como Madridiyah, por haber sido acuñada en nuestra capital, me acerqué por un conocido anticuario para adquirir la separata del artículo  “Datos sobre una moneda marroquí acuñada en España” del eminente filólogo y arabista don Mariano Arribas Palau. Cuál sería mi sorpresa cuando dentro de la misma se encontraba una recensión de don Octavio Gil Farrés, anterior propietario de la publicación, en dos versiones, manuscrita y mecanografiada, así como otro folio con las notas que tomó de su puño y letra del artículo. Ignoro si finalmente esta reseña llegó a publicarse, dado que no la he encontrado, por lo que la transcribo íntegramente.

ARRIBAS PALAU, MARIANO: datos sobre una moneda marroquí acuñada en España. Al-Qantara, Vol. IV, fasc. 1 y 2, págs. 185-263. Madrid, 1983.

            En este interesante artículo-de tipo histórico y numismático-se trata de las gestiones realizadas por el sultán Sayyidi Muhammad b. Abd Allah, cerca del gobierno de Carlos III para acuñar en España moneda de su país. La pretensión consistía en labrar ducados, onzas y blanquillos. El ducado equivalía a 10 onzas, con el peso de un peso fuerte español más dos blanquillos. La onza equivalía a 46 blanquillos. Según Tomás Bremond, cónsul en Marruecos, apenas se labra ahora moneda, “pues viene toda acuñada de América”. Esto suponía un serio inconveniente para los deseos del monarca marroquí. Además, éste solicitaba que el oro y plata a utilizar fuese el proveniente de Indias, a fin de que la moneda tuviese la misma ley que los doblones y pesos fuertes españoles. El pago se efectuaría con el producto de las exportaciones de grano desde el puerto de Casablanca. Tras diversos titubeos por ambas partes, se determinó hacer cuatro millones de piezas de plata: blanquillos, que 40 de ellos fuesen del peso de un real de a ocho, o sea de 0,675 gramos. Asimismo, un millón de piezas de plata, mayores, u onzas, que 10 equivaliesen a un peso fuerte, o sea de 2,70 gramos. También diez mil monedas grandes de oro (solamente se hicieron éstas) con valor de 10 pesos fuertes cada una. Se indicaba que una parte se enviase a Nápoles, para que el rey Fernando IV rescatase cautivos de Malta. En 1787 se hicieron pruebas por el grabador general Pedro González de Sepúlveda, ayudado por Miguel Casiti “por ser el hombre sabio que tenemos en esta clase de letra”. Como problema fundamental se indicaba que dos volantes trabajando sin interrupción y produciendo seis mil piezas diarias, requerirían cuatro años para rematar la operación. En las piezas fabricadas se consignó siempre la fecha 1201 y Madrid, como ceca de la operación.
                                                                                                                  O.G.F.
 
 En la versión manuscrita cambia un poco la última parte. Tras citar al grabador y a su ayudante, don Octavio escribía:

 Uno de los inconvenientes señalados por los españoles era que las altas temperaturas a que debían someterse dichos metales reduciría (…) su contenido original, y se añadía que con dos volantes trabajando …

 Asimismo, incluía un comentario final:

 Como anécdota, se señala que en la devolución a Marruecos de parte del metal que debía emplearse, se hundió en Tánger un cajón conteniendo dos mil pesos fuertes, que no pudieron ser rescatados.

 El dicharachero dueño de la Librería Anticuario Bellver me explicó cómo había llegado parte de la colección de don Octavio a sus manos, y aprovechó, como buen comerciante, la ocasión para endosarme otros dos libros que pertenecieron a nuestro ilustre numismático, y un diccionario de arte de regalo.

 Se pueden consultar los escritos originales aquí
 

domingo, 9 de marzo de 2014

La frustrada voladura de la ceca de Potosí

Publicado en Numismático Digital, 5 de marzo de 2014

http://www.numismaticodigital.com/noticia/7136/Articulos-Numismatica/La-frustrada-voladura-de-la-ceca-de-Potosi.html


El día 18 de noviembre de 1813, tras las sucesivas derrotas de Vilcapugio y Ayohúma, el general Belgrano ordenó la retirada de la Villa Imperial de Potosí, ocupada por su ejército unos meses antes, con la expresa orden de volar su magnífica Casa de Moneda. Sólo la determinación del oficial Anglada hizo que la voladura no se hiciese efectiva.

 Tras la batalla de Salta de 20 de febrero de ese mismo año el Ejercito del Norte de las Provincias Unidas del Río de la Plata, comandado por Manuel Belgrano, ocupó la Villa de Potosí. Siguiendo instrucciones de la Asamblea Constituyente de Buenos Aires de fecha 13 de abril de este año,  y conforme a la propuesta del diputado Pedro José Agrelo, se batieron en esta ceca monedas de la misma ley y peso que las españolas, cambiando sus leyendas e iconografía.

En su anverso llevan un escudo creado por la propia Asamblea, sin el sol que lo encabezaba, sin adornos en la moneda argéntea y con dos cañones, un tambor y cuatro banderas en las áureas, la leyenda EN UNIÓN Y LIBERTAD, el monograma PTS de la ceca, la sigla de ensayador J, de José Antonio de Sierra, el valor en números arábigos y las letras S-los escudos- y R-los reales. En su reverso portan tanto las monedas de oro como las de plata, conforme a lo ordenado por la Asamblea, un sol con 32 rayos, 16 rectos y otros tantos oblicuos, con ojos, cejas, boca, nariz y barbilla, y la leyenda PROVINCIAS DEL RÍO DE LA PLATA.

El canto de las monedas de oro está decorado con estrías en oblicuo, y el de las de plata con hojas de laurel. En esta considerada primera emisión argentina se encontraban todas las monedas del sistema de la plata ente los medios y los ocho reales, y en oro se acuñaron todos los valores del sistema, desde los escudos sencillos a las onzas de ocho escudos.
 
Una vez se pusieron en circulación, a partir de finales de junio, estas monedas no fueron aceptadas por el público, ya que en el comercio se consideraba incomprensible este nuevo cuño, por lo que el Supremo Poder Ejecutivo de Buenos Aires tuvo que decretar el 28 de julio de ese año su curso forzoso, al ser de la misma ley y peso que las emisiones españolas precedentes.

 Como afirmaba el general José María Paz, testigo de los sucesos, la Casa de Moneda, vuelta a su giro ordinario, abastecía con abundancia de moneda metálica al comercio, y daba la bastante al ejército. En su retirada el Ejército del Norte cargaba, según las palabras del mismo autor, con todo el dinero sellado y sin sellar que se encontraba en la misma, y afirmaba que entre las cargas abandonadas en la retirada salvó una compuesta de alhajas de diamantes y tejos de oro de un valor superior a cuarenta mil duros.

La orden de partida se dio el mismo día 18 por la mañana, saliendo de la ciudad Belgrano con una columna de infantería a las tres de la tarde, y quedando en ella unos ochenta hombres al mando del general Díaz Vélez. Dado que la población se iba reuniendo alrededor de la Casa de Moneda, se mandaron patrullas para disolver a los grupos. Se informó asimismo paulatinamente a los habitantes de las casas de alrededor de la ceca que debían abandonarlas, al irse a volar la misma con un gran depósito de pólvora, si bien Paz afirmaba que la mayor parte de la población siguió encerrada en sus casas.

En la sala de la fielatura, en el centro de la Casa de Moneda, se habían colocado por orden expresa del general Belgrano gran cantidad de barriles de pólvora, para cuya inflamación debía dejarse una mecha de duración suficiente para permitir la retirada del ejército. Cerca del ocaso Díaz Vélez ordenó encender la mecha y cerrar las puertas, y dado que no aparecieron las llaves sólo se emparejaron y los últimos soldados salieron de la ciudad. Paz recogía que se detuvieron a una legua de la ciudad, deseando gozar en su totalidad del terrible espectáculo de ver volar en fracciones un gran edificio i quizá media ciudad.

Al no producirse la explosión, Belgrano ordenó al capitan de artillería Juan Luna que entrase en la ciudad con 25 jinetes para volver a encender la mecha, de lo que tuvo que desistir por la más que probable oposición de los habitantes de la ciudad y por la cercanía de las tropas realistas. La misma no se produjo porque el oficial mayor de la plaza, apellidado Anglada, había ocultado las llaves y, quedándose escondido, cortó la mecha que conducía a la bocamina.

¿Héroe o villano?. Para Muñoz Cabrera este oficial, que afirmaba era boliviano, tuvo una feliz inspiración al evitar que se consumase aquel hecho horrible, salvando con ello este edificio monumental. A pesar de deshacerse en toda su obra en loas al general Belgrano, afirmaba taxativamente:

No es posible dejar de lamentar la especie de estravio mental que inspiro al jeneral Belgrano el bárbaro proyecto de hacer volar la casa de moneda de Potosí, situada en la parte mas central de la poblacion; i los que conocieron y apreciaron las altas virtudes i espíritu caritativo de este jeneral no dejarian de sorprenderse al saber que fué suyo tan temerario proyecto.

 Paz refería en sus Memorias su conversación durante la retirada con Tomás Manuel Anchorena, secretario de Belgrano, que versó sobre el frustrado intento de la voladura de la ceca, afirmando que se tomó la libertad de reprobarlo altamente, mientras que Anchorena lo sostuvo, alegando que además de privar al enemigo de tan valioso recurso se hubiese conseguido arruinar un pueblo que siempre había sido y seria enemigo nuestro.

En cuanto a Anglada, a quien casi sin ninguna duda debió conocer personalmente, afirmaba que era mendocino, y que se habría relacionado con personas enemigas a la causa, y particularmente con una señora que era muy realista. No dudaba de que fue él quien ocultó las llaves, cortó la mecha y se presentó al enemigo, que le acogió bien por el importante servicio realizado y lo empleó en el ejército, donde según su testimonio no jugó un papel distinguido, dado que no pudo hacer olvidar a sus nuevos patronos que era un traidor.  

 ¿Podría tratarse de Francisco Anglada? Probablemente no sea más que un caso de homonimia, dado que no he encontrado ninguna referencia a su nombre de pila entre los documentos y crónicas coetáneas que se refieren a esta acción. Pero hay algunos indicios, siempre guardando las debidas reservas y esperando encontrar datos debidamente contrastados, que parecen apuntar a esta posible atribución.

 Este oficial realista y posteriormente boliviano era según algunos autores oriundo de la actual Argentina. La ciudad de Mendoza, que los primeros 215 años de su historia perteneció a la Capitanía General de Chile, fue integrada junto con el resto de Cuyo en el Virreinato del Río de la Plata en 1776. Sin embargo, según el Diccionario Histórico del Departamento de la Paz el luego general Francisco Anglada habría nacido en Montevideo el 4 de noviembre de 1788. En el Índice del Archivo del Gobierno de Buenos Aires de 1810 encontramos una solicitud del día 8 de junio de un tal Francisco de Borja y Anglada, para ser admitido en clase de cadete, agregado al batallón nº 1.

 Es citado como sargento mayor y teniente coronel, y calificado de intrépido por el general realista Juan Ramírez Orozco, que combatió en las batallas de Vilcapugio y Ayohúma antes citadas como Jefe de Estado Mayor de Joaquín de la Pezuela, en sus comunicaciones durante las campañas contra los insurgentes de Cuzco, y consta asimismo que fue herido en combate y aún así tomó la bandera de los enemigos por un informe enviado por Ramírez a Joaquín de la Pezuela, fechado en el Cuartel General de la Paz el 2 de noviembre de 1814.

En el Archivo General de Indias,  Lima, 754, N.26-1, se conserva la carta nº 135 del virrey José Fernando de Abascal, Marqués de la Concordia, a Pedro Cevallos, secretario de Gracia y Justicia, de 17 de mayo de 1816, en la que se informaba del nombramiento del sargento mayor graduado de teniente coronel Francisco Anglada, como subdelegado interino del partido de Yungas, en la Provincia de La Paz, por los recomendables servicios realizados en el Ejército del Alto Perú, que eran dignos de una particular atención. En la misma aparece reproducido asimismo el testimonio del oficial, fechado el 13 de noviembre de 1815, que afirmaba que se excusaba de referir sus servicios al Soberano, puestos de manifiesto por los partes del Señor General Reconquistador del Cusco.

De ser así, no sería la última vez que cambió de bando, dado que, según Urcullu con el grado de comandante, se pasó al ejército de Sucre a comienzos del año 1825, en los estertores del gobierno español en Sudamérica, debidos a la sublevación absolutista de Pedro Antonio de Olañeta contra el virrey José de la Serna, que fracturó la defensa del Perú, y a la acción conjunta de los ejércitos de Simón Bolívar y Antonio José de Sucre.

En la Guerra Civil peruana de 1835-1836 le encontramos con el grado de general de brigada en el ejército de Andrés de Santa Cruz, y presidió el Consejo de Guerra que firmó la sentencia de muerte de Felipe Santiago Salaverry, Jefe Supremo de la República del Perú. En 1839 desempeño la Intendencia de Policía de la Paz, y falleció el 16 de julio de ese año por una atrofia al corazón. Según el Diccionario Histórico del Departamento de La Paz, estuvo casado con María Mercedes Goyeneche, que murió el 11 de mayo de 1838.

 Su caso no es único, sino uno más en una época marcada por la violencia, por el caudillismo, por los enfrentamientos fratricidas y por ominosas guerras a muerte, que hicieron cumplirse el pronóstico que Simón Bolívar hizo en su carta al general Juan José Flores, primer presidente de Ecuador. En ella afirmaba que para ellos la América era ingobernable, que quien servía a una revolución araba el mar, y que caería infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos los colores y razas. La revolución devoró a sus próceres.

 
Bibliografía

ARANZAES, N., Diccionario Histórico del Departamento de La Paz, La Paz, 1915.
DARGENT CHAMOT, E., “La Casa de Moneda de Potosí”, en ANES Y ÁLVAREZ DE CASTRILLÓN, G., y CÉSPEDES DEL CASTILLO, G., Las Casas de Moneda en los Reinos de Indias. Vol. II. Cecas de fundación temprana, Madrid, 1997.
GACETA DE MADRID, Imprenta Real, Madrid, 1815.
ODRIOZOLA, M. de, compilador, Documentos historicos del Peru en las epocas del coloniaje despues de la conquista y de la independencia hasta la presente, Volúmenes 3-4, Lima, 1872.
MUÑOZ CABRERA, J.R., La guerra de los quince años en el Alto-Perú, o sea, Fastos políticos i militares de Bolivia, : para servir a la historia jeneral de la independencia de Sud-América, Volumen 1, Santiago, 1867.
PAZ, J.M, Memorias póstumas del Brigadier General D. José M. Paz, Buenos Aires, 1855.
ROCA, J.L., Ni con Lima ni con Buenos Aires: la formación de un estado nacional en Charcas, Bolivia, 2007.
SANTACREU SOLER, J.M., “Unidad monetaria, vertebración territorial y conformación nacional: el caso de la República Argentina”, Anales de Historia Contemporánea, Vol. 20, septiembre 2004, pp. 439-461.
TRELLES M.R., compilador, Índice del Archivo del Gobierno de Buenos Aires correspondiente al año de 1810, Buenos Aires, 1860.
URCULLU, M.M., Apuntes para la historia de la revolucion del Alto-Perú, hoi Bolivia,  Sucre, 1855.

 
“Bicentenario Acuñación Primera Moneda Patria 1813-2013”, Folios Numismáticos, nº 72, Centro Numismático de Santa Fe, Abril 2013.

jueves, 6 de febrero de 2014

Correcciones al artículo La moneda española en la Isla Hermosa


En relación al artículo publicado en Numismático Digital La moneda española en la Isla Hermosa, don José Eugenio Borao Mateo, de la National Taiwan University, cuyos trabajos fueron la base de dicho artículo, se puso en contacto con el director de la revista, don José María Martínez Gallego, para interesarse por las dos monedas reproducidas en el mismo, extrañándose de la modernidad de los caracteres chinos estampados en los resellos. Informado de su procedencia, la página web de Wikipedia en español Isla de Taiwan, ha tenido la deferencia de remitirnos la siguiente información, que reproduzco textualmente:
 
 He mirado en Wikipedia y –sin olvidar que no sé apenas nada de numismática- me he confirmado más en mi duda. Yo creo que si bien la moneda española pueda ser original, los resellos han sido hechos en época muy reciente, por lo siguiente:
 
1.    Los resellos clásicos que he visto otras veces se hacen con incisiones pequeñas (en los que la letra queda hundida), y estos parecen hechos mediante un acuñamiento en el que la letra sobresale.
2.    Los clásicos son letras muy pequeñas (aquí son grandes y muy bien trazadas), y, que yo sepa nunca suplantan al emisor inicial, es decir, que es muy raro que ponga Koxinga o Taiwan. Además Koxinga apenas reinó unos meses en la isla (llegó y al poco se murió).
3.    Además es impensable que la segunda moneda esté acuñada Taiwán como si fuera un país emisor de moneda. En todo caso tendría que nombrar a uno de los dignatarios que tuvo.
4.    Por si fuera poco, el carácter “Wan” de Tai-wan esta escrito en chino moderno del continente, es decir, proveniente de la reforma de Mao, por tanto no puede haber sido hecho en tiempos antiguos. Parece hecho por un falsificador actual.
 
 Espero que os pueda servir estas consideraciones de un no experto.
 
Un fuerte abrazo
 
 
Incluye asimismo dos imágenes que también reproduzco.


 
Aprovecho esta ocasión para felicitar a don José Eugenio por sus magníficos trabajos, y agradecerle estas correcciones.

miércoles, 5 de febrero de 2014

DEO ET CESARI FIDELIS PERPETUO

Publicado en Numismático Digital, 5 de febrero de 2014

http://www.numismaticodigital.com/noticia/7075/Articulos-Numismatica/Deo-et-Cesari-Fidelis-Perpetuo.html

Tras ser legado a Carlos I por su tía Margarita de Austria, el Franco Condado de Borgoña se mantuvo unido a la Corona de España hasta ser cedido a Francia por la Paz de Nimega de 1678, tras una cruel y devastadora guerra de conquista. En su solar hubo dos cecas operativas, ubicadas en Dola –Dole-, la capital, y en la Ciudad Imperial de Besanzón-Besançon-, que batieron moneda a nombre de los sucesivos monarcas hispanos.

 El Franco Condado era un país de unos 15.000 kilómetros cuadrados, separado del Ducado francés de Borgoña por el río Saona y limítrofe con los cantones suizos, la Lorena y Alsacia. Formaba junto con el Charolais, enclavado en territorio francés, las posesiones más meridionales del Círculo Borgoñón de los monarcas Habsburgo de España.  Era jurisdiccionalmente independiente, con un Parlamento radicado en su capital, Dola, con dos Cámaras y tres brazos que servían de Consejo de Estado y Corte Suprema. Gozaba asimismo de amplia autonomía política y fiscal, de la libertad de fijar su contribución, de la facultad de su autodefensa y de moneda propia.

 La ceca de Dola fue autorizada el 16 de septiembre de 1494 por Maximiliano de Austria, lo que fue ratificado por Felipe el Hermoso en 1500, que emitió entre 1500 y 1506 como Conde de Borgoña pistolas de oro y gros. Por un Edicto dado en Dola el 1 de diciembre de 1539 se prohibió la aceptación de los testones y su circulación si no se adecuaban al peso de los testones del rey de siete dineros y doce granos, citando expresamente los gros testons de Friburgo, de Berna, de Suiza, de Sión, de varios gobernantes de Milán y los de Portugal, lo que prueba el activo comercio de sus habitantes con sus vecinos, tácitamente aprobado por los monarcas.

 Carlos V emitió en Dola moneda de plata en carolus o medios-gros, conocidos como piezas de diez blancos, en 1552 y 1553. En su anverso portan la leyenda +C:V:R:IMP: C:BVRGVNDIE: y la cabeza del emperador coronada a izquierda, y en su reverso la leyenda +M:C: BVRGVNDIE: y la fecha de emisión, el escudo del Franco Condado y bajo el mismo la letra de ceca D. Se acuñaron asimismo medios carolus o petit blanc con las mismas leyendas, su retrato coronado en anverso y cruz patada y las armas en reverso, entre los años 1537 y 1555.

 Se labraron también ½ blancos, con el escudo coronado del Franco Condado en anverso y cruz patada en el reverso, entre 1550 y 1555. En cobre se batieron niquets con una K coronada en anverso y un pedernal entrelazado con dos bastones en reverso, los primeros sin datar y los que portan el año de emisión acuñados entre 1550 y 1555.

 Felipe II restableció en Dola la Cámara de Cuentas el 22 de agosto de 1562, que tuvo entre sus atribuciones el conocimiento de los asuntos referentes a la moneda junto con el Parlamento: la contabilidad, el pago de los oficiales, los abastos y el cobro del señoreaje por cuenta del monarca. A diferencia de lo que sucedió con las emisiones de la ceca de Besanzón, las monedas batidas en Dola portan los bustos y los escudos de armas de los sucesivos monarcas Habsburgo, y se mantuvieron en general los tipos antes descritos.          

 Cuando los derechos de los obispos de Besanzón sobre la acuñación de moneda cesaron en 1534 Carlos V devolvió estos derechos a la Comunidad por una Real Orden fechada en Toledo el 8 de mayo de ese año. El Parlamento recibió la jurisdicción universal sobre estas emisiones. El agradecimiento de sus habitantes se expresó en la leyenda de la medalla estudiada por Babelon que sirve de título a este artículo. En la norma citada se fijaban los tipos de la moneda, debiendo figurar en su anverso la efigie del soberano, de busto o de pie, y en su reverso las armas de la ciudad, un águila entre dos columnas que según la tradición representaban los restos del templo romano de Monte Caelius. El retrato de Carlos V es del mismo estilo que el de las monedas alemanas coetáneas, con barba recia y birrete estrecho.

 Estos tipos se mantuvieron entre los años 1537 a 1674, en todas las monedas batidas en esta ceca ubicada en la calle d’Arbalète, sobre dobles ducados, florines, pistolas, daeldres, florines de plata, testones, carolus y niquets. La moneda de oro comenzó a batirse en 1541. Se acuñaron durante los reinados de los monarcas sucesivos, y durante el gobierno de la Archiduquesa Isabel se descubrió que una gran partida de moneda batida en esta ceca no estaba ajustada a su ley. Destaca por la gran cantidad de tipos la época de Felipe IV, y a nombre de su ilustre predecesor se acuñaron en tiempos de Carlos II las últimas monedas francontesas de esta dinastía: las pistolas de oro de 1666 y 1673, los daeldres fechados en 1664 y en 1666 y los medios daeldres de 1667.  

 En la biblioteca de Besanzón se conservaba, según Plantet y Jeannez, un manuscrito del jurista Jean Boyvin fechado en 1639, y compuesto para su hijo Claude, général des monnaies de Dola, con el título Traité des Monnoyes et de la Practique et Fabrication d’ycelles, pour l’instruction d’un général des Monnoyes, par messire Jen Boyvin chevalier. President au soverain Parlement de la Franche-Comté de Bourgogne, importante obra para el estudio de la moneda francontesa. 

 Numerosos historiadores, incluso franceses, afirman que es difícil encontrar un territorio que fuese más leal a los Austrias españoles que el Franco Condado, donde los miembros de todos sus grupos sociales se sentían tan hispanos como los peninsulares. Sus naturales nutrieron los Tercios de Flandes bajo su enseña, la cruz de San Andrés, que pasó a ser la de la monarquía, y numerosos e importantes franconteses, como Granvela, Chifflet, Brun o el propio Boyvin alcanzaron las más altas instancias en la judicatura, la diplomacia o la política de la monarquía española.

 La importancia estratégica del condado y del Charolais, al encontrarse a medio camino de los territorios de la monarquía de Milán y Flandes, era capital, si bien tras la Paz de Lyon de 1601, que lo aisló de Ducado de Saboya, dejó de ser la principal ruta para el paso de tropas y caudales hacia Flandes, el Camino Español que desplazó entre 1567 y 1620 a más de 123.000 hombres, al utilizarse el paso alpino de la Valtelina. A ello se unió el pacto entre España y Francia sobre la neutralidad del territorio de 1 de diciembre de 1530, lo que hizo que se librase de la desolación causada por los principales conflictos europeos entre Carlos V y Francisco I y los de comienzos del siglo XVII, hasta que la misma se rompió durante la Guerra de los Treinta Años en 1636.

 En ese año se produjo una invasión francesa de 30.000 soldados al mando de Condé, y en el año siguiente otra conjunta franco-sueca, de resultados desastrosos. Las tropas francesas, siguiendo órdenes del cardenal Richelieu, actuaron con gran dureza y crueldad, saqueando, violando, enterrando vivos a los habitantes y quemando las cosechas para provocar el hambre en una población que tomó parte activa en la defensa del territorio y quedó diezmada. Tras la firma del armisticio, se repobló el Condado con naturales de Saboya, del país de Bresse y de Auvernia.

 Fue tomada fácilmente en 1668 por Luis XIV, y posteriormente en 1674 fue nuevamente ocupada tras seis meses de duros combates, conquista ratificada por la Paz de Nimega de 1678. En esta guerra cruel, en la que Francia esgrimió para la anexión el argumento del destino manifiesto, el Franco Condado perdió tras una resistencia heroica hasta la desesperación dos tercios de su población, y muchos franconteses abandonaron su país para nunca volver.

 Hasta el final de la Guerra de Sucesión sus habitantes esperaron la vuelta de sus reyes naturales, y la masa de la población abrazó durante el conflicto la causa del Archiduque Carlos. Dicha esperanza se truncó con la llegada al trono de España de un soberano de la Casa francesa de Borbón. Como sucedió igualmente en el Rosellón y la Cerdaña, el territorio perdió todas sus libertades y fue sometido al régimen común. Unos años después, en 1684, Luis II de Condé, aduciendo una deuda de 600.000 escudos de oro por servicios prestados a Felipe IV de España, consiguió del Parlamento de París la extinción de esta deuda con la confiscación y ocupación del Condado de Charolais.

Bibliografía:

BABELON, J., “Dos monedas de Carlos V y de Rodolfo II acuñadas en Besançon”, Nvmisma, Año II, nº 2, enero-marzo 1952.
BOYVIN, J, Traité des Monnoyes et de la Practique et Fabrication d’ycelles, pour l’instruction d’un général des Monnoyes, par messire Jen Boyvin chevalier. President au soverain Parlement de la Franche-Comté de Bourgogne, 1639. Consultable en http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/btv1b90076276/f5.zoom.
ECHEVARRÍA BARCIGALUPE, M.A., Flandes y la Monarquía Hispánica, 1500-1713, Madrid, 1998.
PERNOT, F., La Franche-Comté espagnole à travers les archives de Simancas, une autre historie des Franc-Comtois et de leurs relations avec l’Espagne, de 1493 a 1678, Presses universitaires de Franche-Comté, 2003.
PLANTET, L. Y JEANNEZ, L., Essai sur les monnaies du Compté de Bourgogne, Lons-le-Saunier, 1855.
POEY D’AVANT, F., Monnaies Féodales de France, Vol. III, Paris, 1862.  
TRUYOL Y SERRA, A., El Franco-Condado en la obra de Francisco Elías de Tejada, Versión ampliada de la Sesión Homenaje en la Real Academia de Ciencias Morales y políticas, http://www.racmyp.es/docs/homenajes/H14/H14-2.pdf.
VICENTI, J.A., Catálogo general de la moneda española, Imperio Español (Europa), Fernando II 1375 a Fernando I 1825, Iª Ed., Madrid, 1976. 

miércoles, 1 de enero de 2014

El emirato andalusí de Creta

Publicado en Numismático Digital, 31 de diciembre de 2013

http://www.numismaticodigital.com/noticia/7009/Articulos-Numismatica/El-emirato-andalusi-de-Creta.html

Tras la Revuelta del Arrabal en el 818, parte de las miles de familias cordobesas expulsadas al norte de África ocuparon la isla de Creta bajo el mando de Abu Hafs, fundando en la misma un emirato que se mantuvo hasta el año 961. Ante la escasez de fuentes musulmanas sobre su historia y la casi total ausencia de restos arqueológicos, la numismática ha sido de capital importancia para el conocimiento y la sistematización de sus sucesivos gobernantes.

En el año 818 se produjo una gran revuelta en el Arrabal de Córdoba, un barrio que había crecido extramuros al otro lado del Guadalquivir, debida a la actitud tiránica e impía del emir Al-Hakam I. Tras una durísima represión y el saqueo del Arrabal durante tres días, su población, unas veinte mil familias,  fue expulsada, tomando algunos de ellos el camino de Toledo y otros el del norte de África. De los que cruzaron el Estrecho una parte se establecieron en el Rif y otros engrosaron la población de las ciudades norteafricanas, especialmente la de Fez, donde unas 8.000 familias fundaron el Barrio de los Andaluces.

 Otro grupo importante llegó recorriendo el norte de África a Egipto y se estableció en Alejandría, llegando a tomar el control político de la ciudad durante algún tiempo. Fueron expulsados de allí según las fuentes musulmanas por un ejército enviado por el Califa abasí al-Mammun y comandado por Abdullah ibn Tahir al-Khurasani en el 827, trasladándose a Creta el verano de ese mismo año, 212 de la Hégira. No obstante, las fuentes bizantinas adelantan la llegada de los andalusíes comandados por Umar ibn Hafs ibn Shuayb ibn Isa al Balluti, conocido como Abu Hasf y natural de Pedroche, a Creta unos años antes, posiblemente en el 824. Se calcula que los mismos eran unos 12.000 individuos, de los que sólo 3.000 estarían en edad de combatir.

 Al mando de Abu Hasf, Aphoaps o Apohapsis en las fuentes bizantinas y el Andalusí en algunas fuentes musulmanas, este contingente dominó la isla, la quinta en extensión del Mediterráneo, fundando el emirato de Iqritish o Iqritiya, dependiente nominalmente del califa abasí pero independiente de facto. Rechazaron los intentos de reconquista del emperador bizantino Miguel II, que tuvo simultáneamente que hacer frente a la conquista de Sicilia por los aglabíes tunecinos, reforzados con marineros andalusíes. El emperador Teófilo llegó a enviar a un embajador a Abd al-Rahman II en el 840 solicitando al emir de Córdoba ayuda para la recuperación de la isla y para someter a sus díscolos súbditos.

 Desde la capital que fundaron, Rabdh al-Khandaq ó Chandax, conocida posteriormente como Candía y Heraclión, realizaron devastadores y frecuentes ataques en las costas del Egeo, dominando las rutas marítimas del Mediterráneo Oriental durante los siguientes 135 años. Incluso es posible, como recogía Miles, que en la segunda mitad del siglo X o a comienzos del XI hubiese una colonia musulmana en Atenas, si no una ocupación militar temporal.

 Su historia, que a falta de fuentes propias o de otros países islámicos nos es conocida principalmente por las bizantinas, muestra numerosos intentos de conquista por parte de los bizantinos y continuas incursiones musulmanas contra las islas del Egeo, la Península Helénica, las costas de Asia Menor e incluso su entrada en el mar de Mármara. Sus ataques se redoblaron entre el 930 y el 940, por lo que el emperador Romano II envió a su general y futuro emperador Nicéforo Focas a la conquista de la isla al frente de un nutrido ejército. Tras casi dos años de combates, el 7 de marzo del 961, 350 de la Hégira, Chandax fue tomada al asalto, y sus habitantes fueron masacrados o esclavizados.

 Dado que las fuentes disponibles son, como ya hemos comentado, principalmente las bizantinas, en la historia de este periodo prima la visión que estos tuvieron de la Creta andalusí como un nido de corsarios. No obstante, las pocas y fragmentarias fuentes disponibles del mundo musulmán nos muestran un estado próspero, donde florecían la agricultura y el comercio con el resto del mundo islámico, y con una economía monetizada. A ello se une la supervivencia de relativamente numerosos ejemplares de moneda de oro, plata y cobre de metrología y ley estables, lo que parece  mostrar una economía fuerte y un elevado nivel de vida de su población.

 El profesor de la Universidad de Princeton y posterior director de la American Numismatic Society George C. Miles, pionero de los estudios de moneda islámica en Norteamérica y autor de 16 libros y más de 75 artículos, dedicó una parte importante de sus estudios a la numismática andalusí, recibiendo numerosos galardones, entre ellos las medallas de la Hispanic Society of America y de la Royal Numismatic Society. A este prestigioso numismático se deben asimismo algunos de los más importantes descubrimientos y estudios sobre la moneda del emirato de Creta, desde que en 1953 publicó en el Numismatic Chronicle el artículo “Two coins of the Amirs of Crete”.

 Sus emisiones fueron semejantes a las primeras monedas abasíes, siendo posiblemente las más discretas de las acuñaciones musulmanas de la primera época. Aparte de las acostumbradas frases relativas al Tawhid o Proclamación del Único, las emisiones de cobre no llevan más indicación de su origen que el nombre propio en la leyenda del reverso, y ocasionalmente también en el anverso.

 A ellas se unieron las emisiones de dinares de oro y dírhams de plata. Los dinares vienen fechados, lo que ha servido para determinar aproximadamente la duración de los gobiernos de los sucesivos emires. En el anverso los felúses  de cobre, como antes recogíamos, portan la leyenda No hay más Dios que Alá, el Único, sin igual ni compañero, y en el reverso Mahoma es el mensajero de Alá, o partes de esta Proclamación, así como el nombre propio del soberano.

 En el reinado del segundo de los emires, Shuayb I ibn Umar, Saipes para los bizantinos, que gobernó aproximadamente entre los años 855 y 880, existen hasta diez variedades diferentes de felúses de cobre por su tipos y leyendas. Se conservan dinares de oro, fechados en los años de la Hégira 271 (884), 275 (888-9) y 281 (894-5). Junto al nombre de este gobernante aparece igualmente el del Califa al-Mutamid en la leyenda del reverso, y el de Jafar, presumiblemente su hijo, bajo la leyenda del anverso.

 Las series de cobre evolucionaron posteriormente, encontrándose en las realizadas a nombre de Umar-posiblemente Abu Abdallah Umar II ibn Shuayb, el Babdel de las fuentes bizantinas- y al de Muhammad ibn Shuayb al-Zarkun –Zerkounes para los romanos de Oriente- que sus nombres vienen seguidos de parejas de otros nombres, divididos entre el anverso y el reverso de la pieza, y no siempre con el patronímico.

 Las emisiones posteriores han servido para conocer los nombres de los siguientes emires, desconocidos por las fuentes bizantinas, y los años aproximados que duró su gobierno: Yusuf ibn Umar II, entre el 910 y el 915; Ali ibn Yusuf, entre el 915 y el 925; Ahmad ibn Umar II, que gobernó entre los años 925 y 940 y que batió dírhams de plata en el 326 de la Hégira, 937-38 de la Era cristiana; Shuayb II ibn Ahmad, entre el 940 y  el 943; y Ali ibn Ahmad, entre el 943 y el 949, a cuyo nombre se acuñó un dinar fechado en el año 337 de la Hégira, 948-9 de la Era cristiana.

 El último de sus gobernantes fue Abd al-Aziz ibn Shuayb II -Kouroupas o Kurupen para los bizantinos-,  también conocido con el sobrenombre de al-Qurtubi, el Cordobés, bajo cuyo mandato se batió un dinar del 343 de la Hégira, 954-5, que lleva explícitamente el nombre de ceca Iqritish. Asimismo se acuñó un dírham del 350 de  la Hégira, (961), en el que en una leyenda marginal muy deteriorada del reverso Ulla S. Linder-Welin leyó acuñada en al-Khandaq, Chandax.
 

Bibliografía:

 
BIVAR, A.D.H., “Review of GEORGE C. MILES: The coinage of the Arab Amirs of Crete. (Numismatic Notes and Monographs, No. 160.) x, 87 pp., 9 plates. New YorK: American Numismatic Society, 1970”, Bulletin of the School of Oriental and African Studies, Vol. 35, February 1972, p. 151.
CANO BORREGO, P.D., Al Andalus, el Islam y los pueblos ibéricos, Madrid, 2004.
MILES, G. C., “Coins of the Amirs of Crete in the Herakleion Museums”, Kretika Chronika, Vol. 10, 1956, pp. 365-71.
MILES, G. C., “The Arab Mosque in Athens”, Hesperia, Volume 25, Issue 4, pp. 329-344.
MILES, G. C., The Athenian Agora, Results of excavations conducted by the American School of classical studies at Athens, Vol. IX, The Islamic Coins, Princeton, New Jersey, 1962.
WALKER, J., The coins of the Amirs of Crete, Oxford University Press, 1953.

 
Codex Græcus Matritensis Ioannis Skyllitzes, Manuscrito siciliano del siglo XII de la Sinopsis de la historia, Σύνοψις στοριν, Biblioteca Nacional de España, Cod. Vitr. 26-2. Hay una edición moderna en inglés editada por Cambridge University Press en el año 2010.

 Artículo Emirate of Creta de Wikipedia.  

miércoles, 4 de diciembre de 2013

La moneda española en la Isla Hermosa

Publicado en Numismático Digital, 4 de diciembre de 2013

http://www.numismaticodigital.com/noticia/6956/Articulos-Numismatica/La-moneda-espanola-en-la-Isla-Hermosa.HTML

La  Isla Hermosa o Ilha Formosa, actual Taiwán, fue entre 1626 y 1642 la gobernación más septentrional de la Capitanía General de Filipinas y del Virreinato de Nueva España en el Mar de China Oriental. La presencia española supuso la entrada de moneda de plata en la misma y la monetización de su economía. Los pesos españoles fueron asimismo la moneda circulante de los ulteriores dominadores holandeses y chinos, y su uso perduró hasta bien entrado el siglo XIX, siendo su moneda actual el nuevo dólar taiwanés.

El asentamiento de los españoles en la Isla Hermosa se produjo en un momento en el que la presencia hispana en el archipiélago filipino atravesaba graves problemas. Los ataques piráticos, el incremento de las tasas aduaneras en China, el deterioro de las relaciones comerciales con Japón, la agresiva actitud de los holandeses y su establecimiento en el sur de esta isla habían reducido sustancialmente el comercio de Manila. Todo ello movió a Fernando de Silva, gobernador de Filipinas, a enviar a finales de la primavera de 1626 a Antonio Carreño de Valdés a ocupar la Isla Hermosa.

La expedición se componía de unos pocos cientos de soldados embarcados en dos veleros y una docena de sampangs, y llegó el día 11 de mayo al cabo más septentrional de la isla, al que bautizaron Santiago, en taiwanés San-tia-gak. El día siguiente entraron sin resistencia en el puerto de Quelang, actual Keelung, que podía albergar hasta quinientos veleros, al que llamaron Santísima Trinidad, y poco después comenzó la construcción del fuerte de San Salvador en la pequeña isla Ho-p’ing -de la Paz-. En 1628 los españoles ocuparon Tamsui o Tan-shui -Agua Fresca-, una población cercana a la actual Taipei, y levantaron un fuerte llamado Santo Domingo para extender su control por todo el norte de la isla.

En 1634 había aproximadamente 300 españoles viviendo alrededor de la Bahía de Quelang, y unos 200 establecidos en el banco norte del estuario del Tamsui, siendo más de la mitad de ellos de etnias filipinas. En ese tiempo Tamsui estaba poblado por ocho o nueve tribus autóctonas diferentes. De acuerdo con las fuentes holandesas, en 1631 las fuerzas militares hispanas estaban compuestas de entre 300 y 400 filipinos oriundos de la provincia de Pampanga, y de entre 200 y 300 españoles, si bien las fuentes hispanas sólo mencionan entre 100 y 150 españoles establecidos en la isla.

El comercio de Manila con China se fue poco a poco recuperando, restaurándose hacia 1630. Es de suponer que la presencia de esta guarnición en el norte de Formosa tuvo un efecto disuasorio sobre las ambiciones neerlandesas. Desde su base en el sur de la isla y en otros puntos de Extremo Oriente la Compañía de las Indias Holandesas incrementó notablemente su comercio con Japón, y es probable que se evitasen enfrentamientos innecesarios con los españoles.

A la llegada de los españoles la economía de los nativos del área de Tamsui era agrícola, y su producción se destinaba al autoconsumo, mientras que la de los de Quelang se basaba más en la construcción de barcos y en el comercio. Al parecer no conocían o no necesitaban el uso de moneda, dado que permutaban bienes a cambio de otros o de cuentas, pequeñas piedras coloreadas. Pero en estos años los nativos comenzaron a apreciar el uso de la plata, al igual que sus principales socios comerciales, los comerciante chinos que instalaron su parian, barrio comercial, en Santísima Trinidad.

Los nativos también recibieron plata de los españoles. Probablemente la primera gran entrada de reales de a ocho se produjo cuando los españoles comenzaron a pagar los 400 o 600 pesos que entregaron como compensación por los daños infringidos cuando las tropas hispanas entraron en Quelang. El flujo de plata continuó como pago de servicios, compra de arroz y otros alimentos, etc., por lo que comenzó a circular alterando el antiguo sistema económico, al exigirse muchos desembolsos en moneda argéntea. Borao pone el ejemplo de los pagos de las dotes de las muchachas nativas que se casaban con los soldados españoles, que eran pedidas por sus padres en moneda de plata.

Algunos comerciantes chinos observaron que los nativos no eran muy duchos en distinguir los pesos verdaderos de los falsos, y trataron de sacarle provecho. Los pesos verdaderos eran batidos, mientras que los falsos eran fundidos, e intentaron ofrecerles falsos y recoger a cambio los buenos. Cocci, el primer dominico que llegó a Fuzhou, informó al gobernador de la existencia de un taller de falsificación de moneda española en esta población. Se recogieron varios ejemplares y se informó del caso a Manila. La práctica continuó, dado que en 1639 se descubrió a un pampango con un real de a dos falso. El gobernador Cristóbal Márquez no estaba seguro de la amplitud de la circulación de esta moneda espuria, por lo que envió al pampango y a la moneda a Manila.

Los frecuentes tifones, los enfrentamientos con los naturales y los holandeses, la retirada de tropas para hacer frente a los ataques de los piratas moros en el archipiélago filipino y las enfermedades debilitaron la posición española en Formosa.

En 1638 se evacuó Tamsui y en 1642 una flota holandesa tomó Santísima Trinidad. Los holandeses dominaron la isla hasta 1662, cuando fueron expulsados por el corsario y almirante chino Zheng Chenggong, conocido en Occidente como Koxinga y en Filipinas como Cong-Sing.

Nacido en Hirado, Japón, Koxinga llegó a ser el comandante en jefe de las fuerzas marítimas de la dinastía Ming, y dedicó los últimos dieciséis años de su vida a combatir la conquista manchú de China. Tras la toma de Formosa la convirtió en su base de operaciones, con una flota según Buzeta de mil embarcaciones montadas por cien mil hombres. Un año después, durante el gobierno de Saviniano Manrique de Lara, llevó a cabo numerosos ataques contra poblaciones españolas en las Filipinas, y llegó incluso a exigir tributo al gobernador de Manila, bajo amenaza de atacar la ciudad.
 
Los españoles se negaron a ello y concentraron sus tropas en la capital, pero el ataque no se llevó a cabo por la muerte por malaria de Koxinga este mismo año. Su hijo Zheng Jing sucedió a su padre como Rey de Tungning, un estado que pocos años después, en 1683, cayó en manos de los Qing manchúes. Durante este periodo una continua y fomentada inmigración china en la isla cambió radicalmente la composición étnica de su población.

Tanto durante el gobierno de los holandeses como en el subsiguiente chino la moneda más utilizada en la isla fue el real de a ocho español, tanto como moneda de uso como de cuenta. Dado que la onza Cheng o Zheng –del reino de Tungning- era igual a un 0,7 de los taels Qing comunes, y los reales de a ocho generalmente se cambiaban por 0,71 o 0,73 taels, los pesos y las onzas Cheng tenían aproximadamente el mismo valor.

Con la conquista manchú el papel de la moneda española en Formosa siguió los mismos derroteros que en el resto de los dominios chinos y de todos los mercados de Oriente, siendo la moneda de referencia hasta bien entrado el siglo XIX. Buena prueba de ello es la compra de alcanfor que la compañía norteamericana Augustine Heard & Co hizo en 1855 de 1.300 picules –algo más de 78 toneladas y media- de alcanfor, pagados a un precio con descuento de 15.000 Fernandos, reales de a ocho españoles de este monarca.

Bibliografía:

BORAO, J.A., “An overview of the Spaniards in Taiwan (1626-1642)”, Proceedings of the Conference on China and Spain during the Ming and Qing Dynasties, Centre of Sino-Western Cultural Studies, I.P.M., Macao, May 2007.
BORAO, J.A., The Spanish Experience in Taiwan 1626-1642: The Baroque Ending of a Renaissance Endeavour, Hong Kong University Press, 2009.
BUZETA, M. y BRAVO, F., Diccionario Geográfico, Estadístico, Histórico de las Islas Filipinas, Madrid, 1831.
SHIH-SHAN HENRY TSAI, Maritime Taiwan: Historical Encounters with the East and the West, Estados Unidos, 2008.
SHEPHERD, J.R., Statecraft and Political Economy on the Taiwan Frontier, 1600-1800, Stanford University Press, 1993.